Ayer se cumplieron 40 años de la legalización del Partido Comunista de España. Por aquel entonces yo era un joven militante activo, que aportaba lo que podía, asistiendo a concentraciones y manifestaciones, mítines y conferencias, repartiendo carteles y pasquines… Recuerdo que tuve una sensación agridulce, que no la celebré, cuando hubo tantas renuncias para legalizar el partido, como aceptar una ley de amnistía que dejó a tantos represaliados y víctimas del franquismo sin justicia y en el olvido. Que nos dejó la monarquía como heredera del Régimen sin posibilidad de consulta a la ciudadanía. Se rehabilitó de muchos regidores de la Dictadura que siguieron en sus cargos y a otros con apariencia de demócratas… Como muchos, acabé aceptando, más por resignación que por convicción. Hoy, después de tanto tiempo, reflexionando sobre ello, continúo teniendo una sensación amarga. ¡Se renunció a tanto a cambio de tan poco!. No se creó una sociedad nueva basada en la libertad y justicia social, tan solo hubo una aparente reforma de lo que ya había.
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Carrillo, pasionaria y otr@s.
Tambien hay otros de los que no se sabe nada.