Por José María RUILÓPEZ
[Desde mi antojana]
En las últimas fechas la muerte de ciclistas en las carreteras ha sido una verdadera plaga. Hace poco, una señora se quejaba en Teverga de la cantidad de ciclistas que circulan por la carretera de Trubia a Teverga, y hacia los puertos limítrofes. Hay que reconocer que el trazado de la carretera citada es ideal para la práctica con la bicicleta: tiene un desnivel suave, un piso aceptable y el tráfico, comparado con las carreteras principales, es llevadero. Otra cosa es que, siendo como es una carretera con bastantes curvas, para los turismos no es fácil adelantar. Podríamos decir que es como un circuito de fórmula 1, tiene unos lugares concretos donde los vehículos pueden pasar a los otros sin infringir el código de circulación, y fuera de ahí hay que esperar y soportar el ritmo, en algunos casos, excesivamente lento de algunos turismos.
Diferente caso es cuando se encuentran uno con un ciclista o un grupo de ellos. Se está haciendo hincapié con motivo de estos accidentes recientes, en la norma en que se permite adelantar a los ciclistas pisando la raya continua siempre que se respete el metro cincuenta que exige la ley de separación entre vehículo y ciclista y no venga nadie de frente, que fuerce un adelantamiento con riesgo. Una norma que posiblemente mucha gente ignore, y debido a eso, se atrinchera tras un ciclista a 20 por hora, formando grandes colas de coches porque el primero espera encontrar un lugar legal para el adelantamiento y no acaba de llegar, ignorando, tal vez, esa norma bienintencionada para aligerar el tráfico sin riesgo para los deportistas.
No hay que olvidar tampoco la presencia de motos en esta ruta que, a pesar de que algunas asociaciones pelean para rectificar el diseño de los quitamiedos, en algunos casos, son ellos los que dan miedo adelantando a turismos a toda velocidad y no siempre respetando las normas de circulación, aprovechando el caballaje de sus motores.
Sin olvidar algunos coches, a los que se les ve perfectamente modificadas las llantas o alerones y que adelantan en situaciones de riesgo y con suerte, porque casi nunca se encuentran otro vehículo de frente cuando la curva siguiente no permite visibilidad suficiente y se lanzan a sobrepasar al vehículo que lo precede jugándosela.
La convivencia entre las diferentes formas de moverse entre poblaciones se basa, especialmente, en la cordura de todos los usuarios, el respeto a las normas de circulación, el empeño en evitar riesgos innecesarios, facilitar el adelantamiento cuando llega el caso y favorecer la coexistencia viaria de modo racional.
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