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«En los pueblos se vivió con angustia la llegada de los parques naturales»

Antonio Álvarez presenta hoy en la Pola ‘Del sentir a la memoria: Crepúsculo en Somiedo’, una investigación histórica de las parroquias de Aguino y Perlunes

Fernando Romero / Somiedo

El ingeniero de minas Antonio Álvarez (Aguino, 1962) ha culminado lo que considera el trabajo de su vida: ‘Crepúsculo de Somiedo. Del sentir a la memoria. Vindicación monográfica de la parroquia y el coto de Aguino y Perlunes’. Una magna obra, agrupada en 600 páginas que integran un libro de más de dos kilos de peso. Son seis años de duro trabajo, escrito con la gente del pueblo. Antonio se fue del Aguino a los 13 años y sabía que con sus solos recuerdos sería incapaz de llegar muy lejos. Cuando murió su padre se dio cuenta de que no podía dejar la tarea para cuando se jubilase pues, como su padre morirían los últimos moradores, los testimonios vivos de estos dos pueblos de la montaña somedana. Por eso la primera parte “es la del sentimiento y la emoción, la vivencia de esas mujeres que se helaban las manos lavando en el río” explica. Entrevistó a unas veinte personas que le dieron profundidad y humanidad a la etnografía de la zona, a maneras de trabajar y vivir “que ya se perdieron”.
Hijo de un madreñero, el autor ha recopilado más de 350 fotos, árboles genealógicos, mapas de las caserías, listados de familias, toponimia… conformando el estudio más completo que pueda tener una parroquia. Estudia la población desde el primer censo de 1585 en el que había 51 vecinos, hasta hoy en el que quedan 8, llegando a su apogeo con 57 ‘almas’ en los años treinta.
“La Guerra Civil fue terrible aquí, se desmoronó la vida, desilusionó a la gente”, dice, y explica que esta tragedia junto con la revolución industrial y el desarrollismo fue lo que hizo que la gente abandonara los pueblos.
Este antiguo coto del señorío de Valdecarzana, comprado en 1930 por los vecinos, cuenta con apellidos muy antiguos, los Feito y los Flórez, además de los de los vaqueiros, como Lorences. Todos muy endogámicos. Pero todo el estudio le sirve para llegar a la conclusión de que no se ha respetado a la gente de los pueblos, ni con el parque natural ni con la protección “exagerada” de la fauna. “Entiendo que tiene que ser así, pero no se puede decretar de la noche a la mañana, hay que formar a los paisanos. La Reserva de la Biosfera es un club selecto pero al campesino no le aporta nada. Se quejan con razón porque viven con angustia esta situación, se sienten atropelladas, no respetados, por eso esta obra es un requiem, un epitafio a un modo de vida”.
El libro será presentado hoy a las 19 horas en Pola de Somiedo.

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