Por José María RUILÓPEZ
[Desde mi antojana]
Los ríos de los valles del Trubia han sido repoblados con alevines de trucha. Voy a ir al grano directamente. ¿En qué beneficia al particular esta repoblación? Las truchas de río sólo las pueden pescar las personas que disponen de licencia para ello. No las pueden vender a quienes quieren comer truchas frescas criadas en la libertad del río y alimentadas de modo natural. Si un vecino quiere comer truchas tiene que comprarlas en una pescadería, criada en el encierro de una piscifactoría, cuyas condiciones sanitarias no tienen nada que ver con las del río, ni el sabor es comparable ni la presencia. Lo que, según sé, provoca la venta clandestina y el negocio oculto ante esta especie de desatino legislativo.
La gente está condenado a comer trucha enjaulada, salvo que se convierta en pescador legal. Hay ayuntamientos que dan subvenciones para la repoblación de sus ríos, y cuyos beneficiados no son los contribuyentes, sino los pescadores. Quiere esto decir, que las aguas de los ríos municipales, que podríamos decir que son de todos, se usan como criadero de truchas para que únicamente los aficionados las pesquen y las coman.
Se quejan, no obstante, los pescadores, del abandono de los ríos por la Confederación, como ya se denunció aquí el mes pasado, con la proliferación de aves acuáticas, como el cormorán, o las aves zancudas, como la garcilla, con su pausado caminar por las riberas, y que, a mi entender, ya que yo no puedo comer las truchas, prefiero que las coman las aves.
El cauce de los ríos son una penumbra bajo la que las truchas navegan y crecen. Por lo que me han dicho en Mestas del Narcea, promotora de esta repoblación, las condiciones actuales de los ríos no son las ideales para la práctica deportiva, ya que presentan una maraña casi inexpugnable para acceder a sus riberas, moverse por ellas y privadas de los rayos de sol.
Los alevines, ahora de 8 cm., son una esperanza gastronómica para algunos privilegiados, que se dedican a este deporte, y que dentro de poco más de un año podrán ser truchas adultas para disfrute de los deportistas, envidia de los paseantes y sorpresa de los cormoranes y garzas.

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