Categorías: Grado

La ley del Talión

Por Plácido RODRÍGUEZ

El día anterior dieron la noticia en todos los medios de comunicación. La habían detenido: una mujer de raza negra a la que un nutrido grupo de personas pedía su linchamiento inmediato. La inocencia de la criatura muerta unida a la premeditación y crueldad del asesinato servían de soporte emocional para justificar la pena de muerte. Supongo que, al igual que media España, no pude evitar pensar en ello antes de dormirme.
Algunas veces, cuando se basculan las visiones del sueño a la vigilia, la transición se torna virulenta. Los fantasmas que preceden al despertar se declaran en rebeldía y se niegan a entrar de nuevo en los laberintos del subconsciente. En ocasiones perseveran tanto en esa impertinencia que hasta tienen la osadía de preguntar, y se quedan colgando de las pestañas en posición desafiante, por mucho que intentemos abrir los ojos y olvidarnos del universo subversivo en el que estábamos inmersos…
A la mañana siguiente el trance en el que desperté se hizo hostil al cerebro, como el recuerdo de una vejación: fue a causa de la tremenda injusticia que se cometió mientras dormía.
…La maquinación estaba tan bien urdida que no era capaz de levantar la voz para defenderme. Su plan era indiscutible y una tela de araña se apelmazaba en mi garganta, bloqueando cualquier intento de defensa. La acusación de las miradas resultaba tan obvia que no podía mantener la cabeza erguida. Cualquier disculpa sumaba como un acto cobarde, cualquier alegato estaba condenado a la recriminación. Sólo tres personas sabíamos que yo era inocente, y las otras dos formaban parte de la trampa. El resto me señalaba sin dudar ni un segundo, como un monstruo condenado a muerte.
El crimen había sido horrible y se esmeraron en resolverlo con celeridad. Las consecuencias se produjeron de forma automática: el abatimiento de la familia, el rechazo de los amigos, la rabia de la gente. Pese a no tener alternativa, no quería morirme, pero la muerte no era lo que más me angustiaba; lo que de verdad me corroía las entrañas era la frustración de no poder vengarme: una vez me hubiesen ajusticiado el delito quedaría archivado y los verdaderos culpables camparían a sus anchas…
Cuando conseguí recuperar por completo la consciencia volví a pensar en la pena capital: las veces que se habrá ejecutado a un inocente. Por otro lado, los últimos coletazos de la pesadilla aún seguían generando turbulencias en mi cabeza, que de alguna manera continuaba con el deseo incontrolable de venganza, con la esperanza de que la condena recayese en los verdaderos culpables, que fuese a ellos a los que ejecutasen sin ninguna misericordia. Pero no caí en la cuenta de que, dentro del sueño, a ellos también les podrían haber tendido una trampa. Al fin y al cabo los sueños son impredecibles, como lo es la brutalidad humana.

Redacción
Publicado por
Redacción

Entradas recientes

El colegio El Villar de Trubia afronta el curso con el comedor bajo mínimos y el sistema de agua pendiente

El AMPA reclama a Educación que cubra la plaza de ayudante de cocina y al…

hace % días

Unicaja de Trubia cierra temporalmente su oficina por un cambio en la gestión

La entidad, que presta el servicio a través de una agencia financiera, espera reabrir las…

hace % días

La Casa del Oso recibió a 6.135 personas durante los meses de verano, un 3,3% más que en 2025

Con el apoyo de la Fundación EDP y el grupo Baldajos, los informadores ambientales atendieron…

hace % días

El Partido Animalista recurre el Plan del Lobo y pide su suspensión cautelar

PACMA reclama al Tribunal Superior de Justicia que prohíba la eliminación de ejemplares hasta que…

hace % días

Salas se prepara para celebrar la XII Feria Medieval con una programación de actividades para todos los públicos

La celebración, los días 3 y 4 de octubre, contará con música de época, jornada…

hace % días

Comienza la rehabilitación del histórico bloque obrero ‘del río’, en Junigro, Trubia

El cuartel es el más antiguo del antiguo barrio obrero, edificado en 1850 con talleres…

hace % días