Redacción/Grado
«Otros pagan para verlos, a mí vienen a verme ellos». Así habla Candi Vázquez, una vecina de Caranga de Arriba, en Proaza, que casi cada noche recibe la visita de un oso joven, que acude a la finca que tiene tras su casa, donde hay una pumarada y figales, «porque los figos les vuelven locos». El animal no ha mostrado signos de agresividad, y Candi no le tiene miedo, «aunque ni se me ocurre darle manzanas ni nada». Hace dos noches aprovechó para sacarle una fotografía desde el muro de su casa, «porque estaba a solo dos metros» y dejar constancia de sus visitas nocturnas.
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