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El GPS vuelve locos a los visitantes del Parque de Somiedo

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Desde hace dos años el pueblo de Aguino, a mil metros de altitud y con un carretera complicada, recibe muchos coches que llegan desorientados a causa de Google Maps

Aguino, donde Google Maps sitúa la ‘chincheta’ de entrada al parque natural de Somiedo

F. Romero / Somiedo
En el pueblo somedano de Aguino, a casi 1.000 metros de altitud, sus pocos vecinos se han convertido en los últimos meses en guías turísticos y a veces hasta en bomberos. Y es que cada vez llegan por allí más visitantes y turistas despistados preguntando por “la portilla” para entrar en el Parque Natural de Somiedo. Hasta hace poco tiempo no se explicaban muy bien lo que ocurría, aunque ya han descubierto la incógnita. Cuando escriben “parque natural de Somiedo” en Google Maps coloca la chincheta en Las Cuestas de Aguino. Y si a continuación le dices: “ir allí” el gps de Google maps les dirige al pico del pueblo de Aguino.
Lucinda Rodríguez, con 84 años, pasa los veranos sola en el pueblo y tiene ya unas cuantas anécdotas que contar. “Llegan muchos coches y tenemos que mandarles dar la vuelta a pesar de ser complicado si no lo conoces y la gente se pone nerviosa” explica. Lucinda ha salvado a más de uno de caer al río. “La gente dicen que llegan aquí por culpa del GPS y estamos a 3 kilómetros de Pola. Ya avisamos al ayuntamiento porque lleva pasando desde hace dos años y a veces nos preocupamos porque se producen situaciones de riesgo. Un día unas chicas el pasado verano, al dar la vuelta se pusieron nerviosas y al maniobrar para atrás calcularon mal y una rueda se quedó en el vacío hacia el río. No podían salir. Tuve que ir con unas cuerdas y luego ya vino la Guardia Civil y los bomberos. Otra chica montó la rueda encima de una pared y se quedó en el aire y tuve que carretar leña desde mi casa para que la rueda pisara”.
Su hijo Antonio Álvarez dice que la situación se ha vuelto “kafkiana” y “mi madre se desespera viendo el desfile de coches que llegan allí todos los veranos”.
Al menos, los que acuden en verano tienen la suerte de que siempre se van a encontrar a Lucinda, porque el pueblo permanece prácticamente vacío durante el resto del año, salvo una vivienda de un ganadero que muchas veces va y viene y no está allí permanentemente.

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