José Ramón GONZÁLEZ
Portavoz de Ciudadanos en Grado
Cuando éramos pequeños, escuchar en el pueblo «tate quieto o baja de ahí…, nun tientes al diablo», no sonaba nada raro.
Y me temo que en estos días, en Grado tampoco sorprenderá a nadie, ya que parece que también se tienta mucho a ese diablo, más de lo debido. A ese demonio que nos amenaza desde hace meses y al que familiarmente llamamos Covid-19. Primero se permitió que un contacto estrecho con otros positivos continuase trabajando en un lugar tan vulnerable como una residencia de ancianos, donde el virus ha provocado estragos, dejando un gran vacío y causando mucho dolor, del que algunos parecen haberse olvidado rápidamente. Recientemente, orillando todas las precauciones y saltándose todas las normas que el sentido común y la experiencia acumulada nos hacían ver como necesarias durante estas Navidades, estamos comprobando cómo estamos volviendo al punto de partida, pero esta vez más debilitados sanitaria y económicamente, y con más temor pues, parece, que ya nada ni nadie resultan fiables.
En el Ayuntamiento de Grado pasamos varios meses acordando y negociando medidas para la apertura de los mercados de los miércoles y los domingos, que garantizaran la seguridad y cumplieran todos los protocolos sanitarios, y de pronto ahora, que es cuando deberían ponerse a prueba y mostrarse eficaces, sin ni siquiera reunir a la mesa negociadora y sin ningún tipo de comunicación ni información a los grupos políticos que firmamos el Acuerdo COVID y constituimos la comisión de seguimiento de la pandemia, el gobierno local de IU, ha decidido unilateralmente su cierre.
Ciertamente la situación que estamos viviendo es preocupante y estamos obligados a actuar con celeridad, pero nada impide que la unidad y colaboración que se pide y mayoritariamente se presta en estas circunstancias calamitosas, por parte del resto de grupos políticos se ejerza con reciprocidad por parte del equipo de gobierno hacia la oposición. Claro que quien más tienta al diablo en Grado es el propio gobierno de IU, una sola patrulla de la Policía Local hubiese desbaratado cualquier exceso festivo. Anticipando y evitando problemas habrían puesto de manifiesto inteligencia y buena gestión. Sin embargo, ahora las decisiones de unos pocos cargan sobre las vidas y la tranquilidad de todos.

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