Publicado el: 30 Mar 2021

Trubia-Mieres-Collanzo, un ferrocarril histórico

Por Toño HUERTA

Asociación por el Patrimonio Histórico Industrial de Trubia

El Vasco Asturiano dirigiéndose a Collanzo/ Foto Toño Huerta

De manera recurrente salen noticias relacionadas con la creación de una vía verde en el trazado ferroviario que va desde Trubia hasta Collanzo, pasando por Mieres. La última fue la presentada desde la Asociación de Amigos de la Naturaleza. Vías Verdes es un programa coordinado por la Fundación de los Ferrocarril Españoles para reconvertir infraestructuras ferroviarias en desuso en itinerarios ciclo-senderistas.

Sin embargo, desde hace años y a iniciativa de la Asociación Santa Bárbara de Mieres, se está trabajando en la creación de un Ferrocarril Histórico, proyecto que apoyamos y colaboramos desde APHIT. Y recalco la figura de “Ferrocarril Histórico”, frente a la simpleza de denominarlo “tren turístico” –incluso despectivamente, “tren de la bruja”–, en una clara muestra de desconocimiento, quizás interesado, de lo que es el mundo ferroviario y el patrimonio histórico industrial. Un ferrocarril histórico implica conservar una infraestructura en funcionamiento, salvaguardar un importante patrimonio histórico, un paisaje cultural gestado durante dos siglos y la memoria de un oficio que tantas huellas dejó en nuestra sociedad. Analicemos varios de los argumentos para defender este proyecto. Por un lado permitiría mantener en activo esta línea ferroviaria que, no lo olvidemos, forma parte de la Red de Ferrocarriles de Interés General. En tiempos de movilidad sostenible y necesidad de articular el territorio parece absurdo eliminar una línea en vez de potenciar su uso. Incluso de llevarse a cabo la senda hasta Baiña, Collanzo quedaría incomunicada con los talleres de El Berrón, condenando igualmente este tramo. Si hablamos de sus valores históricos, con la línea abierta en 1908 y su extensión hasta Collanzo en 1934, sus elementos arquitectónicos e infraestructuras o su material móvil, unido al valor paisajístico del trazado, su potencial como dinamizador territorial es enorme, exigiendo una inversión mínima –todo lo contrario que de hacerse una senda verde más–. Además de preservar su utilidad pública, su uso histórico y turístico sería un nuevo factor de desarrollo endógeno, promoviendo un turismo industrial en alza y creando un nuevo valor añadido al territorio, dándole una visibilidad internacional que, a su vez, generaría riqueza y empleo. Son muchos los ejemplos europeos en este sentido. Y qué decir de lo que significaría para Trubia y su patrimonio industrial.

Pero siendo prácticos, ¿qué sentido tiene una nueva senda verde? Desde Trubia hasta Collanzo, y tan sólo sumando los recorridos de la Senda Verde de Oviedo a Trubia –que, para más despropósito, iría paralela a la nueva que plantean–, del Paseo del Río Caudal y de la Senda Verde de Lloreo (antiguo ferrocarril de Hulleras de Riosa) suman cerca de 32 kilómetros. Incluso podríamos añadir, por extensión de la primera de las citadas, la Senda del Oso, uno de esos despropósitos donde se borró toda memoria de su historia minera e industrial en favor de un turismo cuanto menos, cuestionable. A modo de ejemplo y por comparación, mientras que en el valle del río Turón se eliminó el ferrocarril para hacer una Senda Verde, en Samuño (Langreo) se apostó por recuperar el tren minero y fomentar un desarrollo del territorio que ya está dando sus frutos.

Son muchas las personas y organizaciones que llevan años trabajando en la defensa del ferrocarril como infraestructura pública y su vinculación con nuestra historia y territorio. Debe seguir teniendo esa concepción de servicio, además de integrador territorial y dinamizador económico. No debemos menospreciar su memoria simplemente por intereses espurios.

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