Hace una semana, muy de mañana, caminaba por los senderos de la península de Nieva, buscando un torcecuello (Jynx torquilla), cuando a lo lejos escuché un ruido, observe un bulto, enfoque la cámara y descubrí este raposo.
Caminaba el zorro por un prado recién segado, siguiendo el rastro de algún animal, en busca del desayuno; no le fue fácil conseguirlo.
Le costó trabajo cazar, pues aparecieron en escena una pareja de urraca común o pega (Pica pica), inteligentes y tenaces como pocos animales y estuvieron como una media hora incordiando al paciente “zorrín” hasta que lo alejaron de su territorio.
Recuperado el rastro, por fin consiguió su desayuno. Un topo (Talpa europea) que andaba debajo de la hierba y no en su madriguera.
Cambió el viento y a pesar de estar detrás de los escayos, me descubrió y puso sus pies en polvorosa.
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