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¿Qué hace un oso en un pueblo?

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Por Marián FIDALGO LÓPEZ

Sograndio (Proaza)

Y por fin llega el viernes, ese ansiado día de la semana donde organizar la bolsa y pensar en la desconexión total y la paz que te aporta “el pueblín”. Ves a tu hija ser feliz, libre, desear bajarse del coche y abrazar a los perros, tener que meterla a regañadientes en casa cuando llega la noche… Esa noche templada y estrellada…te asomas a la ventana: esa luna llena que lo inunda todo, no está frío y entonces das un paseín por la caleya, respiras, piensas, recuerdas…hueles y escuchas: escuchas el silencio, el sonido de la curuxa, hueles la hierba… en ese momento te crees la dueña del universo, no hay nada que pueda perturbar ese momento de relax… bueno sí, en realidad hay algo que desde hace una temporada ha inquietado y perturbado esa paz de la que disfrutaba yendo al pueblo y que ha generado no solo en mí un miedo y una intranquilidad considerables.

Siempre hemos tratado de inculcar a nuestra hija el amor por la naturaleza y el respeto a los animales que también a nosotros nos han enseñado desde críos. También a valorar el esfuerzo y el sacrificio que se necesitan para lograr las cosas, el amor a la tierra, ver a la güela trabajar la tierra para “semar” el maíz, las fabas… ir al gallinero a por los huevos de las pitas y de la quica…todo eso que se ha conseguido con el trabajo de muchos años, de esfuerzo infinito y de sacrificios profundos. Todo eso que de repente ves arrebatado por un animal que está protegido y que parece ser tiene más derecho que las personas, que sus propiedades y sus pertenencias. Un animal que como mi hija dice, es un animal “salvaje”  ¿cómo es posible que se coma las pitas de güelita? ¿qué hace un oso campando a sus anchas por un pueblo, en el que vive gente, que cría animales, que cultiva los huertos, que tiene frutales, comiéndose sus gallinas y piensos, estropeando sus cosechas, rompiendo sus alambradas (sean mejores o peores son suyas), despertándoles de madrugada por el ladrido incesante de los perros, amedrentando a mayores y niños y rompiendo la tranquilidad que siempre se respiró allí? ¿Dónde empiezan los derechos y libertades de estos animales salvajes, para estar coartando así la de los habitantes de estos pueblos, que ven todas sus propiedades, su esfuerzo y su trabajo infravalorado, tirado a la basura, por un animal que debe y tiene que vivir en el monte, tiene que cazar y sobrevivir en su hábitat natural, y no merodeando y tirando los cubos de basura en las poblaciones?

Señores de la Administración, señores políticos que nos representan: ¡Actúen ya, dejen de mirar para otro lado, no esperen a que haya una desgracia con víctimas humanas! Porque ya ha habido otras víctimas también importantes que son las gallinas de todo un pueblo, las puertas de cuadras, los cercados de gallineros… todo eso que para ustedes son menudencias, para sus dueños y dueñas son muy importantes, y han sido conseguidos con mucho esfuerzo y trabajo. Dejen de infravalorar al mundo rural y sus gentes, dejen de defender los derechos de animales salvajes si eso supone coartar y minar los derechos y libertades de los habitantes del mundo rural, de ciudadanos y ciudadanas que no son de segunda, que pagan sus impuestos y cumplen con sus obligaciones.

La noticia con la que nos despertábamos ayer, con el ataque de un oso a una mujer en el Concejo de Cangas de Narcea, que paseaba tranquilamente en la inmediaciones de su pueblo, no viene si no a constatar lo que es un hecho cada vez más común y denunciable, que es la presencia de estos animales salvajes en las poblaciones y la impunidad con la que lo hacen, sin que nadie tome medidas. Se veía venir, y así ha ocurrido. Ojalá se recupere pronto, y cree un precedente, para que las administraciones competentes ACTÚEN YA.

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