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Día’l Traxe

Plácido RODRÍGUEZ

Y va y me dice:
¿Así que el domingo se celebra el día del traje?
─Pues nun sé –contesto−. ¿Qué vienen los del Corte Inglés al mercao con alguna promoción?
─No, hombre. Me refiero al día a que es cuando se disfraza la gente con el traje regional.
─Pues que yo sepa, pa Carnaval faltan tovía unos cuantos meses. ¿Cambiarían l’antroxu de fecha pola pandemia?
─Desde luego. ¡Qué borde eres!
Y así van ya varios. Porque, bien sea por desconocimiento del asunto, bien por falta de empatía con la tradición o, ésto ya es más incisivo, por tocar las pelotas a los que el domingo nos vestimos con un tipo de indumentaria que en otra época usaban nuestros antepasados, pues, a veces, no queda más remedio que trabajarse un poco la fama de desagradable adquirida con el paso de los años.
Lo que el domingo se celebra en la Villa Moscona, el Día’l Traxe’l País, escarba en las raíces de nuestra cultura, tanto en lo que a todas luces resulta tangible, como también en aquello que de alguna manera alberga un componente sentimental. Es por ello que, para preservar la dignidad histórica del evento y evitar en lo posible un anacronismo que lo desvirtúe, parece más lógico referirse a lo que se vestía a mediados del siglo XIX en Asturias, empleando la manera de hablar propia de la época, es decir: la llingua asturiana.
Como digo, el Día’l Traxe, representa tradición, y también reivindicación, porque desenmascara la intención interesada de simplificar lo diverso, lo individual, lo creativo. Quien se pase por el desfile podrá comprobar cómo cada uno de los traxes, aunque partan de unos patrones comunes y de una confección rigurosa y fiel a las piezas de otra época, mantiene una autonomía propia y se diferencia del resto de una forma notoria.
Esa diferenciación fue lo que se trató de unificar durante décadas de un pasado gris de nuestra historia, prohibiendo, reprimiendo, castigando; tratando de apagar la amalgama de los colores, la intensidad de los brillos, el tacto de las texturas, antes de que aquel apéndice del nacionalcatolicismo franquista, aquella mal llamada, Sección Femenina, igualara, a modo de caricatura campestre, la miscelánea que vistieran los hombres y las mujeres de toda España.
Pues bien, unos dirán que a Grau, otros que Grao, Grado, Prámaro, Moscolandia… Pero vienen de toda Asturias, ataviados con su indumentaria, al Día’l Traxe’l País, a su V edición. Y cada vez secundan más moscones y mosconas la idea, cada vez hay más gente del concejo que se viste para la ocasión. Unos participan en el desfile, otros bailan, comen, beben, cantan, nos miramos unos a otros en señal de complicidad. Y algunos caemos en la cuenta de que habrá quien trate de adulterar, vilipendiar, tergiversar… lo que, con otras 5 ediciones más, no habrá disculpa para que no sea declarada fiesta de interés turístico regional. Y los que con el tiempo fuimos cayendo en el paroxismo desagradable del carácter nos veremos de nuevo obligados a verter sobre su maquillaje de hipocresía el ácido de las palabras.

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