Publicado el: 11 Oct 2021

Reparar electrodomésticos y cómo combatir así al mercado

Consecuencia del mercado y la sociedad de nuestro tiempo, la cultura del usar y tirar abarca ya incluso el mundo de los electrodomésticos. Sin embargo, existen soluciones útiles para reparar nuestro viejo equipo e incluso prolongar su esperanza de vida. Una opción asequible y que, además, constituye un acto revolucionario en toda regla

Por Sergi García

Se acabó aquello del usar y tirar

A causa del sistema económico bajo el que se rigen nuestras vidas, la mente colectiva se ha ido reafirmando en la idea de que todo cuanto falla debe desecharse. Entendiendo como origen de dicho paradigma tanto el capitalismo como la modernidad líquida que acuñó el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, nos hemos acostumbrado a pasar por alto el hecho de que una reparación no es una derrota. En ese sentido, artimañas como la conocida obsolescencia programada —la limitación adrede de la vida útil de un producto antaño imperecedero bajo el objetivo de alentar al consumo— nos han llevado a esta situación que, no obstante, tiene salvoconductos.

Así, todavía existe un grupo enorme de individuos que, por ejemplo, defienden a capa y espada reparar un electrodoméstico en lugar de desecharlo. Principalmente, y si echamos mano de empresas de consolidada experiencia en el sector como Rapitecsat Reparación de Electrodomésticos, dado que esta suele ser una solución mucho más asequible frente a la inversión de un nuevo modelo de electrodoméstico. Más aún, si el error no es grave y, por lo tanto, es innecesario adquirir un nuevo modelo siempre y cuando así lo recomiende un técnico o especialista. A su vez, y pese a su carácter mundano, constituyendo un acto revolucionario contra la cultura del usar y tirar.

Cuestión de mercado: el negocio tras la necesidad

Según la teoría de Bauman, el individuo de las sociedades posmodernas es incapaz atarse a nada —tanto en lo material como en lo afectivo—, por lo que el concepto de “líquido” hace referencia al hecho de que hoy todo se desecha y se desestima invertir en arreglarlo. Una situación que afecta tanto a los hábitos del nuevo consumidor como en las relaciones emocionales, familiares e incluso religiosas e ideológicas. Aunque dicho carácter haya traído consigo algunos logros —entre otros, la eliminación de ciertos convencionalismos que antaño restringían nuestras libertades—, el mercado ha sacado partido de ello fijándonos al consumismo desde la cuna hasta la tumba.

Ejemplos de ello lo son los electrodomésticos, indispensables en el día a día del ser humano contemporáneo y razón por la que el mercado fuerza la aparición de nuevos modelos para sustituir los antiguos bajo la premisa de la evolución digital. En esa línea, encontramos todo tipo de aparatos inexplicablemente conectados a Internet o con todo tipo de prestaciones adicionales de dudosa utilidad para con su función principal. Sin embargo, un arsenal de anzuelos mediante los que atraer consumidores que, frente a sus aparatos más rudimentarios, crean que estos nuevos modelos no fallarán como los anteriores a causa del desgaste —cosa que, indudablemente, sí harán.

¿Por qué reparar y no cambiar un electrodoméstico?

Envueltos en el contexto comentado, olvidamos que los desperfectos tienen solución en muchos de los casos. Y que, por lo tanto, la vía más sensata no consiste en adquirir cada nuevo modelo de electrodoméstico que aparezca en el mercado, sino prolongar la vida útil del que ya tenemos y que, con mano experta, seguirá funcionando muchos años más. Del mismo modo, una solución que además supone un gran ahorro frente al precio desorbitantemente encarecido de los electrodomésticos de última generación. Con el añadido de que el técnico que repare los fallos también puede aportarnos algunos consejos de mantenimiento para solventar errores puntuales.

Por otra parte, es preciso comentar que nuestra era es también la era de lo visual. Por lo que el aspecto de nuestro viejo electrodoméstico puede repercutir fatalmente en la probabilidad de que compremos uno nuevo. Sin embargo, desastres visuales como el exceso de cal en las lavadoras o de grasa en los fogones pueden solucionarse con una limpieza a fondo. Ésta, a su vez, contribuyendo a un mejor funcionamiento de nuestro electrodoméstico en según qué caso, así como consiguiendo darnos a entender consecuentemente que el cuidado es indispensable para alargar su esperanza de vida. Y, si no, ¿por qué nuestros mayores todavía utilizan aparatos de su juventud?

Tener en cuenta los materiales

A pesar de que la mencionada obsolescencia programada pueda parecer algún tipo de tecnología, la realidad es que el desgaste en la actualidad obedece en muchos casos a los materiales de fabricación. En ese sentido, incluso la ropa gozaba de mayor durabilidad hace cincuenta años que la actual. Una estrategia de mercado que alcanza un doble resultado: por una parte, abarata el coste de producción; y, por otra, funciona para impulsar nuestro consumo. Esta vez, ya no por una cuestión estética, sino porque el producto en cuestión se ha roto visible o aparentemente.

En relación al electrodoméstico, razón de más para que nuestro técnico de reparaciones dé, si cabe, con piezas y recambios de mayor calidad frente a las ya desgastadas o incluso las que ofrezca la misma firma —posiblemente, las más asequibles. Asimismo, es posible que existan productos para cuidar nuestros electrodomésticos, sean en exclusiva para su mantenimiento como también colaterales, pero cuyo impacto haya podido perjudicar su utilidad. Cualquier opción que nos permita seguir disfrutando de nuestros electrodomésticos entendiendo que reparar es mejor que sustituir.

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