Publicado el: 06 Nov 2021

Cambio de cromos en la A-63

Por Manolo JIMÉNEZ

Cuenta la leyenda que hace años un conocido sindicalista cuando la negociación de los fondos mineros se ponía dura, casi al borde de la ruptura, fingía una severa indisposición que obligaba a los presentes a llamar a la asistencia sanitaria. Restablecido minutos después, el ministro, tras el susto, accedía poco a poco a las demandas del SOMA; cedía y se llegaba a un acuerdo. En el caso de la autovía maldita del suroccidente asturiano y a tenor de la tensión creciente registrada en los últimos meses, alguien debería simular un achuchón de ésos para desbloquear el diálogo.

La información con la que se desmarca este diario respecto al abandono del proyecto original de la doble calzada hasta La Espina no es más que un nuevo eslabón en este rosario de obstáculos. Me pregunta cada mañana una vecina cuando entra por la puerta del gimnasio, cansada de soportar el lento ritmo del trafico pesado, qué está ocurriendo con la vía rápida por la que debería bajar desde su domicilio hasta Salas… sin tener quien suscribe una respuesta convincente que darle.

Fue la propia Delegada de Gobierno quien consideró “extraños” los hechos que motivaron el desvío por la nacional 634 entre Salas y La Espina del tráfico de vehículos por las deficiencias del puente de Godán. Seguimos desconociendo si existió error humano tras el derrumbamiento de la ladera de Zorrina y poco después nos enfrentamos a la más que posible suspensión del doble ancho hasta La Espina (la doble calzada se está construyendo hasta el Regueirón, en la zona alta de Salas). La información proviene de una fuente oficiosa, no oficial; tampoco lo era cuando nos adelantamos a todos anticipando 6 meses como mínimo de trabajos en el puente de Godán (van 4 y sumando).

Ahora no podemos garantizar con rotundidad que la infraestrucutura no se vaya a desdoblar. Lo que sí aseveramos es que en cuestión de años los vecinos no gozarán de vía rápida con doble calzada porque la decisión del Ministerio es, en el mejor de los casos, aplazar la inversión para compensar el esfuerzo de los imponderables sufridos, que han supuesto un gran gasto. Éso si no se aparca durmiendo el sueño de los justos, como ocurre a veces, si nadie agita a la opinión pública. Un cambio de cromos a todas luces mientras los vecinos siguen atónitos cada episodio de reproches mutuos entre alcaldes y portavoces del gobierno. Todos seguramente con su parte de razón: la orografía es la que es pero nadie da la cara para explicar lo sucedido, con luz y taquígrafo, más allá del siempre recurrente: “es lo que hay”. Como siempre el paganini de todo ésto es el vecino que asiste atónito a tanto ruido a la espera de que se arreglen las carreteras y se abra el paso a una explicación.

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