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Cuando llovían bombas en Berció

Los vecinos del pueblo moscón han recuperado y mantienen señalizado un refugio antiaéreo «donde cabían hasta 15 rapacinos»

Roberto García, junto al refugio

L. S./ Grado

En el corazón del pueblo de Berció, en Grado, hay un pequeño agujero en un muro de cantería, una cavidad por la que sólo se puede entrar cuerpo a tierra. Se interna bajo el suelo del talud unos 20 metros, excavado en el duro terreno arcilloso. Cerrado con una reja, para que ningún neno tenga la tentación de colarse, una pequeña placa de madera explica su función y su origen: “Refugio antiaéreo. 1936”. “Esta zona fue muy castigada por los bombardeos, creo que por su cercanía a la fábrica de cañones. Mi tío abuelo, que vivió la guerra, me contó que una vez hubo más de veinte aviones para bombardear la fábrica, y cayeron muchas en las colinas de alrededor, aún hoy creo que se pueden ver las hondonadas en las pumaradas y prados. En Berció la gente se refugiaba en las cuevas, pero también se hicieron varios refugios como éste”.

El presidente de la asociación de vecinos de Berció, Roberto García, cuya familia es del pueblo desde hace generaciones, recuerda al menos dos: el que está ahora señalizado, en el medio del pueblo, frente a su casa materna, y otro que había en las cercanías del garaje que hay en la curva de la carretera. “Y hay vecinos que recuerdan que había más. Aquí en este se llegaron a guarecer de las bombas hasta quince rapacinos, según cuenta la gente más mayor”. Cuando Roberto era pequeño cegaron la entrada al refugio para evitar accidentes, y cayó en el olvido, hasta que en 2016 un argayo del talud de piedras lo dejó al descubierto. “Cuando cayó el muro muchos se sorprendieron de la existencia del refugio, pero yo me acordaba de cuando crío, porque estaba frente por frente de mi casa”.

La reparación del muro de piedra se hizo con la colaboración vecinal, aportando los materiales que cada uno tenía y también el conocimiento y los oficios. “Adolfo el cantero fue el que hizo el muro, con la ayuda de los vecinos, en sestaferia. El Ayuntamiento sólo aportó el cemento, y el dinero para la pala lo aportó la asociación de vecinos Y decidimos dejar el refugio a la vista, cerrado con una reja, para que quedara constancia de su existencia”. El cantero dejó una hornacina donde colocaron una Virgen de Covadonga, dando una imagen singular al pueblo, que tiene más elementos de la guerra civil sin señalizar, en concreto una casamata y un puesto fortificado, en las cercanías del depósito de agua de Udrión.

El refugio, tal como lo hallaron los vecinos durante las obras
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