Categorías: z

Pumarín negro

Por Diego Medrano

[Ese Oviedo golfo]

La ciudad bella y engolfada, diurna y nocturna, saturnal y santa, dionisíaca y carnívora, empieza en el barrio ovetense de Pumarín. Los vinos negros de Pumarín tienen el primer pico estudiantil, por la cercanía del campus universitario, hombres que se afeitan pero no copulan, mujeres plenas pero vírgenes, mucho más fondo obrero, miasma sindical, esputo menestral, gargajo artesano con pedigrí, prole de pico y pala, la vida desnuda y al natural. Bodegas Regias fue el suministro de Pumarín a todas las catas del estro: taberna Sin Nombre, Zipi y Zape, Don Vinazo, Deborah, Cubia, figones de Fitoria, bar Tejas con gintónics a dos euros. Pumarín fue latino, musical, ese idioma con curvas, esa risa que sigue hablando sin lengua, esos ojos también negros, gigantes y hambrientos. Algo pesa el viejo cuartel militar del Milán pero mucho más la carrera del galgo, la universidad de la vida, la barra que sube hasta las estrellas, cosquillea y nubla. Pumarín fue Estilo recibiendo a toda Hunosa y Ensidesa con los brazos abiertos y las pensiones cercanas, dormideros de acogida, hasta la bandera, reforzadas las camas con mampostería de obra pública, ladrillo cabezón y duro. El vino negro diurno, como las mejores ideas, crecía por las noches con ritmo de culebra hasta hacerse cubalibre, vela y placebo. El vino obrero como esperanza. Pumarín es un río donde los náufragos meten la cabeza hasta el fondo sin taparse la nariz ni echar burbujas. Por Joaquina Bobela andaban pipas, metales nocturnos, pistolones que no venían de los indianos y alguno olía todavía a humo recién escanciado. Pocas tabernas con esa guirnalda de los coloretes, de las mejillas rojas y traviesas, de los bigotes mojados, de las melenas de calvos y de las camisas a cuadros. Tiene el barrio, por los bordes, un ribete a sidra, un sabor espumoso, pero aquí lo que cae es vino negro como bota minera y borrasca considerable. Pumarín gasta porrones, especie en extinción, y películas de vaqueros, cuyo fin es el silencio del indio que entra por la puerta. El Prieto Picudo leonés ha entrado en algunos sitios como si fuera champán, con honores y alfombra roja. Cuando todo el mundo empieza a cantar, la luna sonríe. Esa luna, sí, que es el sol de los muertos y la envidia de las mejores farolas, estiradas como gacelas, mudas pero con numerosas ambiciones secretas.

Don Vinazo, uno de los clásicos de Pumarín
Redacción
Publicado por
Redacción

Entradas recientes

Salas, presente en el VI Encuentro Nacional de Pueblos Mágicos de España

La cita reunió a representantes de diferentes municipios de todo el país Una imagen de…

hace % días

Sama recuerda a «Tonio, el de casa Tiburcio», el sacerdote que dedicó más de seis décadas a su vocación

Diana Valverde presentó en la localidad moscona una biografía que recupera la trayectoria de José…

hace % días

Proaza organiza talleres de Halloween para la conciliación familiar el puente de noviembre

Las actividades se celebrarán de 10:00 a 14:00 horas, en la Casa de la Cultura…

hace % días

Carreteras somete a información pública los accesos a una nueva gasolinera en Peñaflor

El proyecto prevé prolongar la vía de servicio hasta la glorieta de la N-634 y…

hace % días

Cangas destina cerca de 180.000 euros para desbrozar el entorno de una treintena de pueblos

Las actuaciones, que se financiarán con cargo a dos líneas de ayuda, reforzarán la estrategia…

hace % días

El grupo de Las Regueras regresa de su viaje de seis días por Portugal y la Ribeira Sacra

La excursión anual organizada por el Ayuntamiento concluyó con un paseo en barco por los…

hace % días