Las persianas, esas prácticas estructuras que utilizamos para regular la entrada de luz y preservar nuestra intimidad en el hogar, tienen una rica y extensa historia que se remonta miles de años atrás. ¿Sabías que las primeras persianas surgieron en la antigua Mesopotamia? ¿Y cuándo se empezaron a utilizar las primeras persianas enrollables como las que se pueden encontrar en https://persianasenrollables.org/?
Si quieres hacer un recorrido por la evolución de las persianas, desde sus humildes inicios hasta los avanzados diseños actuales, y comprender el motivo de su popularidad en países mediterráneos frente a un uso mucho más limitado en los nórdicos sigue leyendo. Te lo contamos todo en La Voz del Trubia.
Las primeras evidencias del uso de persianas nos llevan hasta la antigua Mesopotamia. Ahí se han hallado restos arqueológicos de sencillas persianas de caña que datan de hace más de 3.000 años. Estas primitivas persianas cumplían una función esencial: proteger del abrasador sol y del polvo del desierto, permitiendo a la vez que circulase el aire.
Pero no solo tenían esa función, ya que también se convirtieron en un símbolo de estatus y sofisticación. Quienes podían permitirse la construcción de viviendas con persianas demostraban un nivel de conocimiento arquitectónico mayor y una preocupación por el bienestar de sus habitantes.
Con el avance de la civilización, las persianas se fueron propagando por distintas culturas de la Antigüedad. Los egipcios idearon persianas de diferentes materiales para resguardar sus viviendas del característico clima desértico. Conocidas como «mashrabiya», estas persianas de madera con forma geométrica permitían a los habitantes disfrutar de la brisa fresca del Nilo mientras mantenían su privacidad. Asimismo, los egipcios usaban de papiro o palma para filtrar la intensa luz solar del desierto.
Griegos y romanos también incorporaron persianas en sus majestuosos edificios públicos y villas. De hecho, no sólo proporcionaban sombra y regulaban la temperatura interior, sino que también eran utilizadas como un elemento decorativo y distinción. En Oriente, por su parte, también se comenzaron a usar de bambú, un material resistente y de alta durabilidad. Al igual que en civilizaciones anteriores, el uso de persianas también fue considerado un símbolo de distinción.
En la Edad Media, las persianas se convirtieron en un elemento habitual de la arquitectura europea. Los imponentes castillos medievales solían integrar resistentes de madera maciza que cumplían una función defensiva al proteger las ventanas del ataque enemigo. Por ello, se volvieron esenciales para defenderse frente al lanzamiento de flechas y otro tipo de materiales ofensivos.
Con el Renacimiento, Europa experimentó una revitalización cultural y artística. Algo que afectó profundamente a las persianas, ya que perdieron el valor como elemento defensivo de períodos anteriores. En este sentido, los fabricantes se lanzaron a la producción y fabricación de de madera tallada con un fin más decorativo y distintivo de las fachadas de la época. Siempre, como no podía ser de otro modo, manteniendo su función de controlar la luz y la ventilación.
Los diferentes fines y usos de las persianas durante esta época dieron lugar a innovación en diseño y funcionalidad con el fin de satisfacer tanto las necesidades prácticas como estéticas de los periodos. Por un lado, como hemos visto, las de madera tallada se convirtieron en un elemento distintivo de la arquitectura renacentista y llegaron a convertirse en auténticas obras de arte donde predominaban los diseños geométricos y florales.
Al mismo tiempo, los fabricantes y artesanos de estos sistemas de persianas introdujeron nuevos e ingeniosos sistemas de poleas y cuerdas para facilitar la apertura y cierre de las persianas, haciéndolas más prácticas y versátiles para distintos usos.
La Revolución Industrial en el siglo XIX significó un punto de inflexión. La maquinaria industrial permitió fabricar persianas en masa a unos costes más competitivos, haciéndolas también más asequibles entre la población.
Las persianas se habían fabricado hasta ese momento principalmente con madera. Con la Revolución Industrial esto cambia y empiezan a utilizarse materiales metálicos como el hierro y el acero para la construcción de persianas, siendo utilizadas también en edificios industriales y comerciales.
La combinación de nuevos materiales y técnicas de fabricación gracias a la maquinaria marcó un punto de inflexión en la evolución de las persianas, permitiendo su masificación y convirtiéndolas en una característica común en hogares y edificios de todo el mundo.
Gracias a ello, las persianas se expandieron globalmente, adaptándose a distintas necesidades culturales y climáticas. En el Mediterráneo y el norte de África, las de estilo «celosía» se convirtieron en una característica arquitectónica distintiva. En países de América Latina como México, por ejemplo, las persianas fueron de estilo colonial español.
En Asia, como hemos dicho, triunfan los diseños de bambú gracias a que las condiciones climáticas de la zona hacían necesaria la utilización de un material de alta durabilidad y resistencia. Esto hizo que se convirtieran en un elemento icónico de la arquitectura asiática, utilizadas en hogares tradicionales, templos y jardines.
En Norteamérica, las persianas exteriores para preservar la intimidad de los hogares, sobre todo de las zonas suburbanas. Con posterioridad y con la creciente demanda de viviendas unifamiliares en los inicios del siglo XX, las persianas exteriores se convirtieron en una característica común en las fachadas de las casas, contribuyendo a la estética suburbana y al concepto de privacidad en el estilo de vida estadounidense.
El siglo XX trajo una gran diversificación en diseños de persianas, desde las icónicas venecianas hasta las elegantes enrollables, convirtiéndose en tendencia de decoración y expresión artística. De hecho, durante este período, las persianas se convirtieron en una parte esencial de la decoración de interiores y exteriores de una amplia variedad de edificios, desde viviendas residenciales hasta rascacielos y complejos comerciales.
Sin ninguna duda, una de las tendencias más importantes de la época, y que se mantiene, fue la popularización de las persianas venecianas que, con láminas horizontales ajustables, se convirtieron en una elección común en hogares y oficinas. Otra tendencia fue la introducción de persianas enrollables que, mediante mecanismos sencillos, ofrecían un aspecto limpio y moderno, al tiempo que mejoraron su funcionamiento a la hora de controlar la luz y la privacidad en espacios públicos.
Al igual que sucedió en siglos anteriores, la diversificación de materiales volvió a llegar al sector de las personas y fue una característica de este período. En concreto, se introdujeron de vinilo y PVC, que eran resistentes a la humedad y fáciles de limpiar.
Además y gracias a la robotización, las motorizadas comenzaron a ganar popularidad a medida que la tecnología avanzaba. Los usuarios podían controlar las persianas con interruptores o mandos a distancia, incrementado su comodidad y eficiencia a la hora de ajustar tanto la luz interior como la temperatura.
En este siglo se sentaron las bases de una tecnología que simplificó el uso de las persianas y las hizo más eficientes, lo que ayudó al mismo tiempo a ser consideradas como una parte integral del diseño de interiores y exteriores de viviendas en países como España.
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