¿Cuándo es el mejor momento para cuidarse?

Cantia Gutiérrez, nutricionista
[Rincón Nutritivo]

Con el ritmo de vida tan acelerado que llevamos, solemos pensar que “cuando tenga tiempo o cuando no tenga responsabilidades, como ir a trabajar o cuidar de la familia, ya me cuidaré”. Las responsabilidades, como el trabajo o la familia, están muy bien, pero ¿y nosotros? ¿Dónde quedamos? Solemos pensar que cuidarse es un acto egoísta. Vivimos en una sociedad donde se valora más el sacrificio por los demás que el cuidado de uno mismo. Poner en práctica el autocuidado puede convertirse en una forma de darle visibilidad en la sociedad y transformar esa percepción. Cuando elegimos cuidarnos, estamos enviando un mensaje: valoramos nuestra salud, nuestra vida y nuestro bienestar.

¿Qué momento crees que es el mejor para empezar a cuidarte? La respuesta es sencilla. Ayer, hoy y mañana son el día para cuidarte. La prevención del envejecimiento saludable comienza en la juventud, incluso desde la infancia, con hábitos que fomenten una buena alimentación, actividad física regular, un sueño reparador y relaciones sociales de calidad.
En la juventud solemos pensar que nuestro cuerpo puede con todo, que da igual si fumas, bebes alcohol o te alimentas a base de ultraprocesados. Sin embargo, estas conductas son relevantes para el futuro. Es cierto que hay personas que envejecen mejor que otras; la genética tiene un peso importante. Pero también importan tus hábitos. Se suele decir que la genética carga la pistola y tus hábitos la disparan. La genética puede predisponernos a ciertas enfermedades o condiciones (como si carga la bala), pero son nuestros hábitos diarios los que deciden si esas predisposiciones se activan o no (como apretar el gatillo).

¿De algo hay que morir? Sí, de algo moriremos, eso nadie lo puede negar. No estamos hablando de cuándo te mueres, sino de cuál es tu calidad de vida o cuánta autonomía tienes. No puedes evitar cumplir años, pero seguro que quieres llegar a mayor pudiendo cargar con las bolsas de la compra, ponerte las medias o calcetines sin complicaciones, subir escaleras o jugar con los nietos sin ahogarte.

Es cierto que, cuando éramos pequeños, nadie nos explicó cómo ciertos hábitos podían influir en nuestra salud. El deporte se veía como algo opcional, solo para quienes disfrutaban hacerlo, y los alimentos procesados, como las varitas de pescado, los cereales azucarados o el alcohol, se consumían sin reflexionar en sus efectos a largo plazo. Pero hoy sabemos más, y es hora de aceptar el pasado sin culpas y tomar las riendas de nuestra vida.

Lo que está en tu mano es mejorar tu nutrición, realizar ejercicio adaptado a patologías o condiciones, aprender a gestionar el estrés y cuidar el descanso. No sabemos a qué edad llegaremos, pero llegaremos lo mejor posible. Tu cuerpo te lo agradecerá en el futuro.

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