La comarca vaqueira ha dado en los últimos años unas cuantas alegrías a los historiadores en forma de hallazgos arqueológicos de interés. Pero sin duda el más espectacular de todos es Túmulo de Vigaña de Arcéu, en la localidad homónima del concejo de Belmonte. Tanto por lo particular de su tipología – es un yacimiento funerario de estructura casi única en toda la franja cantábrica- como por lo privilegiado de su ubicación, un recorrido a pie o en coche para visitarlo constituye una excelente forma para conocer la historia y el paisaje del concejo.
Para entender la importancia histórica del hallazgo de Vigaña, debemos explicar primero algunas cuestiones. De mano, un túmulo es un yacimiento funerario típico de las etapas finales de la prehistoria, aunque su uso se mantuvo en algunas áreas apartadas hasta los primeros siglos de la Edad Media. Su estructura es variable, pero lo normal es que esté formado por varias estancias o cámaras en las que se ubican una o varias tumbas, pegadas a otras cámaras más pequeñas donde se colocan los ajuares de los enterrados y, en su caso, algunos restos de ceremonias rituales para honrar la memoria del muerto o invocar a las deidades. Una vez concluidos los ritos, se tapaba el enterramiento con una masa considerable de tierra hasta formar un montículo compacto. La vegetación lo cubría en pocos días y al cabo de un tiempo, el túmulo quedaba oculto y confundido con la naturaleza circundante,
El de Vigaña está ubicado junto a la Iglesia de San Pedro (cuya construcción es muy posterior en el tiempo), y contiene dos grupos de tumbas de distintas épocas, agrupando unos 60 enterramientos diferentes. Y aunque las catas arqueológicas ya dieron resultados de interés a finales de los años 90, el yacimiento cobró especial relevancia a partir de 2009, cuando empezó a ser excavado por el equipo arqueológico dirigido por la catedrática Margarita Fernández Mier, de la Universidad de León. Pero 2013 fue el año clave, al descubrirse que una de las tumbas reunía una serie de particularidades especialmente notorias.
Tal y como indicaba Fernández Mier en el congreso de la Asociación de Profesionales Independientes de la Arqueología de Asturias, celebrado en noviembre de ese mismo año, en una de las tumbas se encontraron unos objetos que sorprendieron al equipo de la excavación. Bajo una laja de piedra, se encontraron varios huesos humanos con una espada y su vaina, de tipo “scramasax” (un puñal largo de hoja asimétrica y empuñadura repujada), con dos pequeñas hebillas metálicas con las que, supuestamente, se ciñó el arma al cuerpo del personaje allí enterrado. Otros objetos de metal allí colocados, como un cuchillo más pequeño y algunos recipientes, ayudaron a datar la tumba en una fecha estimada entre los siglos VI y V, sugiriendo además que se trataba de la tumba de un cacique local de la Alta Edad Media. Este ajuar, además, resultó ser el único de este tipo hallado en Asturias, ya que solo se han encontrado tumbas similares en Cantabria y Navarra, siendo la de Vigaña de Arcéu la más occidental de todas, lo que ayuda a renovar hipótesis sobre la organización social del norte cantábrico en la Alta Edad Media, etapa en la que Asturias cada vez va dejando atrás una prolongada y exasperante escasez en fuentes locales.
Una tumba casi sin expoliar
Otra característica de las necrópolis tumulares es que casi todas han sido saqueadas a lo largo de la historia, y la de Vigaña no es excepción. La búsqueda de tesoros enterrados es una actividad tan vieja como los propios túmulos, y probablemente no quede en toda Europa uno solo de estos yacimientos que no haya sido profanado y expoliado en distinto grado. Lo importante en este caso es que el de Vigaña solo lo ha sido en sus capas más superficiales, lo que no elimina la evidencia, por el deterioro de los hallazgos, de haber sufrido varios saqueos durante los más de 1.500 años que han pasado desde su construcción.
El hallazgo apuntaló el hecho de que esta pequeña localidad es uno de los núcleos rurales de Asturias donde mejor se ha documentado la presencia humana desde el Neolítico hasta nuestros días. Sin ir más lejos, la proximidad del castro de Vigaña, con dataciones del s. VI a.C. al I d.C., constituye uno de los mejores ejemplos de la cultura castreña en la comarca, habiéndose hallado allí una gran cantidad de restos de fauna de la época, demostrando la vocación ganadera del concejo ya desde la prehistoria. En el área se ha hallado también un yacimiento megalítico a casi 1.000 metros de altura sobre el nivel del mar, en un punto desde el que se domina visualmente un arco amplísimo del occidente astur, desde el Bajo Nalón a Las Ubiñas, que en un día de buen tiempo puede darnos unas vistas realmente espectaculares. La excavación, que en este caso coordina la Universidad de Oviedo, todavía está en fase operativa, pero la disposición subterránea de esta otra necrópolis, con varias cámaras excavadas en la roca, constituye otra rareza más en el haber de esta parroquia belmontina, convertida ya en referente para los estudios arqueológicos del noroeste ibérico.
El Gobierno asturiano encargó hace un año el proyecto, pero aún no ha sacado a…
La inscripción abre güei, 9 de febreiru, y va tar disponible hasta’l día 13 pa…
Los populares cuestionan la licitación de las obras, denuncian los sobrecostes y acusan al equipo…
El Principado invertirá 874.776 euros en la obra, una antigua demanda de vecinos y Ayuntamiento
La alcaldesa, Montse Fernández, encabezó la movilización, que contó con la presencia de la concejala…
Las familias del pueblo moscón, deshabitado durante todo el año, celebraron una junta vecinal, y…