Manuel Galán/ San Claudio
Por el camino que transita desde el alto de San Roque hasta el colegio por la estrecha acera que peleó, palmo a palmo, la asociación de vecinos de San Claudio, es fácil toparse con La Tiendina. Enfrente de la antigua escuela, el lugar pide a gritos un paso de cebra que la una con su entrada. El trasiego de furgonetas de reparto y las colas habituales de quienes acuden desde temprano a hacer la compra, la delatan. Tienda de barrio que Yoli montó hace casi 15 años en San Claudio proveniente de Llanera. Yolanda Valledor Fernández, es natural de Posada de Llanera y buscaba un local dedicado a la venta de grano para animales de granja, pero por una casualidad decidió cambiar. Al preguntarle por cómo fue su aterrizaje en el pueblo, comenta que “llegamos desde San Cucao de rebote buscando un local para distribuir pienso para gochos, pitas y terneros. Un espacio para repartir a domicilio y venta directa de semillas, cebollas y patatas, aunque a la tienda apenas venía gente”. En un inicio, distribuían en San Claudio, Morente y a la clientela previa de su paso por Llanera, donde gestionaban los almacenes de González, que, tras un incendio, quedó completamente destrozado.
El cambio de punto de reparto de piensos a ultramarinos fue una mezcla de casualidad y visión de nuestra protagonista a partes iguales. “Estando mi padre muy enfermo, me pidió que le llevara uvas” comenta Yoli. “Las dejé en el almacén y las señoras que venían a por patatas y cebollas, al verlas, me preguntaban si no vendía fruta. Al final, las clientas se fueron llevando las uvas y volví a casa sin las uvas para mi padre. Al día siguiente traje uvas y manzanas y al final de la semana, ante la acogida de las vecinas, tomé la decisión de dejar el almacén y abrir la tienda”. Así se inició el camino del cambio hace 13 años.
La Tiendina, más que una tienda, es un punto de encuentro de enorme enraizamiento en la comunidad y vínculo con la vecindad. Yoli gestionó la mayoría de las tarjetas de la CTA a las mujeres mayores de San Claudio utilizando su propia aplicación y correo electrónico, evitando su desplazamiento a Oviedo. “Me encanta la gente y el pueblo. Tengo muy buena clientela e incluso dejo toda la mercancía fuera cuando cierro para comer. Jamás, en 14 años, me faltó nada”.
Marco, su marido, se encarga de la distribución a domicilio
Patatas, pan, periódicos en los bares y compra diaria, especialmente para gente mayor con dificultad de movilidad. Aunque el perfil es, mayoritariamente, mujeres mayores, cada vez se acercan más las familias con críos y hombres.
Yoli, junto a la carnicería Manolo y La Viña, son las únicas tiendas de cercanía que mantienen la venta de frutas y verduras en el pueblo. El resto, con una duración media de 2 a 5 años, terminan cerrando.
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