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Navidades blancas

Manuel G. Linares

Y… pasan los años, cada vez más rápidos, no porque se devalúen, que también, sino, porque con la edad, cada día  nos queda menos tiempo por delante, que el que llevamos vivido y esto hace que nos refugiemos en los sueños del pasado. 

Dentro de nuestros recuerdos y sueños del pasado nos vienen a la mente las imágenes de las postales navideñas con los copos de nieve y su manto blanco, en el cual su grababan las huellas de los camellos de los pajes que precedían a los Reyes Magos, que se aproximaban desde Oriente orientado por una brillante estrella, que en las noches, yo la veía desde mi ventana reluciendo en el cielo sobre la silueta de las montañas por donde, a decir de los pajes, llegaría la comitiva de los magos en su camino hasta Belén…y de paso, si éramos buenos, nos traerían muchos regalos llenos de fantasía.

Las Navidades ya no son blancas, hace años que no cae la nieve, ahora, si que se asemejan a la tierra de Galilea en donde se dice que nació Jesús en un mísero pesebre, pero que aportó al futuro, la inocencia infantil de los sueños, ahora complementados por personajes de otras culturas como es Papá Nöel, con su trineo y renos adelantando regalos salidos de la ilusión y colocados bajo el árbol de Navidad, al lado del balcón en donde van las zapatillas para que dejen sus presentes los Reyes Magos; todo se vuelve mágia y , al margen de las suntuosas cabalgatas celebradas en las ciudades, en los pueblos o caseríos remotos los niños se rretiraban a sus camas con inquietud y temor de no estar bien dormidos a la llegada de SS.Majestades.

En mi infancia no había televisiones y teníamos pocas radios por donde recibiamos las noticias de la proximidad de la comitiva procedente de Oriente, todo eran nervios e imaginación….hasta que llegaron, por correo los catálogos de Galerías Preciados, en donde uno se inspiraba para pedir algo de aquella atractiva oferta, recuerdo que yo, todos los años pedía un traje de torero, pero nunca lo recibí y recibia el carro de madera con las vacas de cartón, que lo había visto en el escaparate de Adelino…y tan feliz.

He tenido la oportunidad de colaborar en la primera Cabalgata de Navelgas, los Reyes Magos desde entonces llegan en caballos vaqueiros, más aptos para cruzar las montañas que los camellos que habitan los desiertos y desde entonces, desde aquellas vestimentas realizas con unas colchas, las coronas de chapa cortadas por Manolo el hojalatero o Silvino, las barbas blancas de algodón, para Melchor, realizadas por Cesar Corpas, D. José el Médico y Hevia el veterinario, alternadas con las de Gaspar , de lana marrón en la tienda de Carlos y mucho corcho quemado para cubrir la cara de de Ramoncín el ferreiro, Baltasar, rematada con un turbante….y antorchas de pez y esparto además de muchos paquetes, todo esto hasta la llegada de unos buenos trajes adaptados por Piro y Maribel y nuevas antorchas y efectos de luz y pirotecnia; la llegada del comercio de los chinos fue vital para la transformación; pero en el fondo toda emoción parte de la inocencia y la ilusión.   

Se dice, que los mayores se vuelven como niños y creo que en gran parte es cierto porque ya se encuentra en la Biblia la frase de…” si no os volvéis y os volvéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” y las Navidades son para la inocencia, para los sueños infantiles; aunque ahora también podemos decir que son para el consumo en su máxima expresión; a pocas gentes se les ocurre celebrar el nacimiento del niño en Belén, aunque todavía quedan quienes ponen el nacimiento en su casa, eso sí, alternándose con el árbol y Papá Nöel. porque de esta manera multiplicamos el número de regalos navideños. Feliz Navidad.

Manuel García Linares

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