El BOPA publica el 25 de mayo un Protocolo para prevenir situaciones de acoso y discriminación en la Administración. Entre otras cuestiones, pone el foco en algo importante: proteger derechos relacionados con la maternidad y con la conciliación de la vida familiar y laboral. Al leerlo se me vino a la cabeza una noticia conocida estos días en Belmonte de Miranda. La de una trabajadora del Servicio de Ayuda a Domicilio obligada a acudir a los tribunales al rechazar el Ayuntamiento una petición relacionada con la conciliación tras su maternidad. Finalmente, la Justicia le dio la razón. Al hilo de este tema, Ayuda a Domicilio, trabajadores y usuarios del servicio, comencé a reflexionar sobre qué Administración Local queremos y qué Administración Local tenemos. Porque cuando hablamos de ayuda a domicilio hablamos de algo muy serio. Hablamos de nuestros mayores, de personas dependientes, de vecinos que necesitan apoyo para seguir viviendo en sus casas y de familias que muchas veces encuentran en ese servicio una ayuda imprescindible. Y precisamente por eso los servicios deben estar bien organizados. Los ayuntamientos tienen una responsabilidad importante: prestar buenos servicios y cuidar también a quienes trabajan cada día para hacerlos posibles. El regidor no puede defenderse en el juzgado diciendo que tiene que elegir entre atender bien a las personas o respetar los derechos laborales de quienes trabajan cada día cuidando de ellas. Las dos cosas deben ir juntas, cuidar de quienes cuidan también ayuda a cuidar mejor a nuestros mayores. Además, hace unas semanas reclamaba más apoyo para los Servicios Sociales en el medio rural. Hablaba de la dispersión de población, las dificultades del territorio y la necesidad de mejorar recursos y coordinación. Y es verdad. Los pueblos pequeños tienen dificultades especiales. Prestar servicios públicos en concejos como Belmonte requiere constancia y dedicación. Precisamente por eso hace falta planificación, organización y capacidad para buscar soluciones. No se pueden pedir más recursos fuera cuando se es incapaz de gestionar eficazmente lo que se tiene dentro. Más recursos ayudan. Pero una buena gestión es fundamental. Los trabajadores municipales merecen seguridad y respeto. Las personas mayores merecen estabilidad y buenos servicios. Y los vecinos merecemos un alcalde capaz de hacer compatibles ambas cosas. Para eso lo eligieron. Porque la conciliación no debería acabar resolviéndose en un juzgado, debería resolverse hablando, organizando bien los servicios, en definitiva, gestionando con sentido común. Eso es lo que muchos vecinos de Belmonte esperaban cuando depositaron su confianza en las urnas. Acatar una sentencia es una obligación. Aprender de ella, cumplir los protocolos y evitar que vuelva a ocurrir debería serlo también
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