«Llevamos tres años de obras para las viseras y cortan la carretera cuando más actividad hay y en pleno verano» denuncia el presidente de la parroquia rural de Páramo

Redacción/ Grau
El presidente de la Parroquia Rural de Páramo y portavoz del Grupo Municipal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Teverga Leandro Fernández denuncia la «bochornosa» gestión del Principado en las obras de las barreras antialudes de Estrechura en la AS 228 y «el desprecio hacia quienes viven en medio rural».
«Ha habido una absoluta falta de planificación y correcta ejecución con la que el Principado de Asturias está llevando a cabo las obras de instalación de las barreras antialudes de Estrechura, así como el trato injusto y de desprecio por parte de la Administración hacia los vecinos del Privilegio, los empresarios de la zona y los usuarios que utilizan diariamente esta carretera», señala en un comunicado difundido hoy.
Una actuación que fue adjudicada con un plazo de ejecución de nueve meses acumula ya cerca de tres años de obras, «convirtiéndose en un claro ejemplo de cómo una infraestructura imprescindible para garantizar la seguridad de las personas puede acabar transformándose en un auténtico calvario para los vecinos por la incapacidad de la Administración para planificar y gestionar correctamente su ejecución», añade.
Los vecinos de los tres pueblos que conforman el Privilegio llevan décadas reclamando esta infraestructura para evitar que, en pleno siglo XXI, la carretera continúe cortándose por los aludes o que pueda producirse una desgracia como consecuencia de los continuos desprendimientos de piedras que se producen en esta zona. Tras muchos años de reivindicaciones, por fin se consiguió que el Principado ejecutara una obra «que considerábamos imprescindible para garantizar la seguridad de las personas y la comunicación con estos pueblos y la meseta».
Leandro Álvarez explica que la obra se ha desarrollado durante meses «a un ritmo desesperadamente lento, llegando incluso a haber únicamente dos operarios realizando trabajos de escasa entidad» provocando que los vecinos «tuvieran que soportar diariamente largas esperas en un paso alternativo por semáforos sin adecuada regulación, continuos cortes de circulación y enormes dificultades para acudir al trabajo, asistir a consultas médicas, recibir tratamientos sanitarios o, simplemente, desarrollar la vida cotidiana».
Explica que los vecinos propusieron soluciones «razonables», como establecer aperturas de la carretera durante el mediodía o realizar trabajos en horario nocturno cuando las condiciones técnicas lo permitieran. «Ninguna de estas propuestas fue atendida. Tampoco se exigió a la empresa adjudicataria un ritmo de ejecución acorde con una obra cuya duración prevista era de tan solo nueve meses y que se debería ejecutar en el periodo menos lesivo a los vecinos y usuarios».
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