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Asociacionismo, individualismo, final

Francisco González

Llevo en asociaciones desde hace más de 25 años. Ser socio de una asociación no es trabajo fácil, aunque desde afuera lo parezca. Para pertenecer a una asociación hay que saber, como para todo. Sería deseable ser conocedor del tipo de asociación en la que se trabaja o colabora: si es deportiva, cultural, festiva, vecinal, etc., qué ámbito y competencias tiene, tus obligaciones y sus deberes… Y una vez que tenemos claro eso, es cuando debemos emprender a recorrer el arduo camino. 

Todos estamos en la misma dirección y con los mismos intereses, pero llega el momento en el que la puesta en práctica de los proyectos es diferente y es cuando supeditamos un trabajo en equipo del que partíamos, dando excesivas alas a un individualismo disgregador derivado del orgullo con ansias de liderazgo. 

Estamos en un momento de asociacionismo pero se encuentra en declive, desde mi humilde opinión, por lo que comentaba anteriormente. El desgaste que ello produce a la gente hace que se pierda la iniciativa condenándola a su final. 

Intentemos reflexionar sobre lo anterior para que, en la medida de lo posible, no suceda y luego no lleguen los llantos ni disgustos por no tener asociación, ya que en un pueblo es la que da vida a la gente y a los lugares, que esperan por alguna actividad que se realice y así salir de la monotonía y cotidianidad del día a día, unidos todos fomentando el asociacionismo. 

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