El galardón ha recaído este año en la Cofradía de Pescadores de Santa Ana de Llanes

Redacción/ Grau
Un año más a la espera. Las cinco candidaturas presentadas por la comarca al Premio Pueblo Ejemplar de Asturias (Trubia, Santo Adriano, Bermiego, Grado y Salas) no han sido las afortunadas, y el premio ha recaído en la Cofradía de Pescadores de Santa Ana de Llanes.
El jurado de este Premio –convocado por trigésimo séptimo año consecutivo por la Fundación Princesa de Asturias– estuvo presidido por Francisco Rodríguez García e integrado por Ana Alonso Lorenzo, Cristina Álvarez Mendo, Azahara Cañedo Ramos, María Cardín Blanco, Lucía González Cuesta, Leticia González Menéndez, Juaco López Álvarez, Marlén López Fernández, Judith Naves Morán, Eva Pando Iglesias, Marco de la Rasilla Vives, Rosa Roces García, Ramón Rodríguez Álvarez, Trinidad Rodríguez Díez, Germán Romano Sobrino, Jorge Suárez Díaz y Fernando Delgado Álvarez, secretario del jurado.
La Cofradía de Pescadores Santa Ana de Llanes tiene su origen en la Cofradía de Mareantes de San Nicolás, una de las más antiguas de Asturias, que agrupaba al gremio de pescadores de la villa llanisca desde su constitución en torno al año 1350 y que tuvo gran importancia en el desarrollo económico de la zona gracias a la pesca de ballenas entre los siglos XIV y XVII. Este grupo humano dedicado a las labores náuticas, que históricamente incluyó a las mujeres en diversas labores en tierra como rederas o vendedoras ambulantes, también desarrolló actividades religiosas y asistenciales. Durante siglos, la Cofradía de San Nicolás sufragó procesiones, festividades de santos, misas y entierros de cofrades, y ayudó a enfermos, viudas, huérfanos, marineros en tránsito y náufragos. La Cofradía recibió su confirmación por parte de los Reyes Católicos en 1480, fecha en la que construye su capilla en el barrio de Cimadevilla de la villa de Llanes que, ampliada en 1661, actualmente presenta un buen estado de conservación. Hasta el declive de la pesca ballenera a finales del siglo XVIII y su completa extinción en la primera mitad del XIX, la Cofradía, cuyas señas de identidad habían sido la caza de cetáceos, las pesquerías artesanales y el comercio marítimo, había colaborado con el Ayuntamiento en la construcción de un inicial y pequeño muelle en el puerto llanisco a mediados del siglo XVI y también había contribuido, con continuadas levas, al servicio de la Real Armada. Los pescadores llaniscos, finalizada la caza de ballenas, mantuvieron su actividad de pesquería artesanal y llegaron a contar, en los años veinte del siglo pasado, con una de las principales flotas de barcos a vapor del Principado.
Actualmente, la Cofradía conserva las pesquerías tradicionales y cuenta, entre sus prioridades, con la explotación responsable, así como la sostenibilidad de las especies y los caladeros
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