Carlos Bernal Cangas del Narcea
Tras la vendimia récord de 2025, con 265.574 kilos, las bodegas de Cangas estiman para septiembre una cosecha que apunta a ser «más corta, pero de mayor calidad».
A medida que la descarbonización redefine la vida en el suroccidente asturiano, renace, en sus empinadas laderas, un oficio de raíces medievales: el cultivo de la vid. Este regreso al viñedo alcanzó el pasado septiembre su mayor expresión, cuando la DOP Vino de Cangas, que cumple 25 años desde sus primeros pasos como Vino de Mesa con Indicación Geográfica, firmó una vendimia récord de 265.574 kilos entre sus variedades de uva autóctona: 157.133 de Albarín Blanco; el resto, de Albarín Tinto, Mencía, Carrasquín y Verdejo Negro. Esta proporción favorable a la variedad blanca, la explica Luciano Gómez. «Más del 60% de nuestra producción es Albarín Blanco. La tendencia apunta a vinos jóvenes, frescos y con graduación baja». Siete años después de profesionalizar la bodega que fundó su abuelo, Gómez ha pulido una plantación de más de cinco hectáreas en terrazas imposibles de mecanizar. Un trabajo artesanal coronado este año con el Gran Oro de Vinespaña para su 620 Albarín Blanco.
Para la vendimia de septiembre, Gómez duda de que se repitan las cifras de 2025. Aun así, confía en una cosecha de mayor calidad: «Este año habrá un pelín menos, pero de mejor calidad. No hubo ni calor extremo ni lluvia. El mayor riesgo es que llegue granizo», advierte el viticultor del Alto de Puenticiella.
La gran tormenta de granizo de 1959 aceleró el abandono del viñedo suroccidental. Décadas después, el apoyo científico de referentes como Carmen Martínez y los mineros prejubilados permitieron recuperar las viñas de sus antepasados.
La familia Casera fundó la bodega Jesús Casera y Tere hace más de dos décadas. El minero Jesús García y su mujer, Teresa Rodríguez, compraron un terreno en Las Barzaniellas, urbanización a las afueras de Cangas, donde construyeron casa y viñedo propio. «La que más tengo es albarín tinto; luego, carrasquín, verdejo negro y algo de mencía», explica García. Con ayuda de su hijo Chus, fueron ganando metros al monte hasta plantar 300 cepas con las que elaboran hoy 500 botellas anuales. «Es un vino para la familia, para regalar y para juntarnos con los amigos.
La vendimia es una fiesta; comemos, cantamos y disfrutamos de lo que cuidamos todo el año», resume Chus Casera, retornado de la capital después de hacer fortuna como modelo y actor de televisión. Los Casera son uno de los mejores embajadores de la viticultura heroica, que obliga a trabajar sobre pendientes escarpadas, entre maleza, niebla y bruscos cambios de temperatura. También el corzo y el oso, que poseen una destreza innata para distinguir -y comerse- las uvas maduras a finales del verano. «Esto no es Castilla; aquí hay mucha pendiente, humedad, y mancha», resume el minero de 67 años, en alusión al mildiu, enfermedad que deja manchas de aceite en las hojas de las cepas.
EXPO SALAS 2026 reúne pintura y fotografía y conecta Asturias con la región rumana, de…
El mayor volumen de ataques se registró en territorios considerados no loberos, con 1.066 reses…
La empresa alega que no se le podía exigir estar de alta del IAE porque…
La cita ganadera, que debía celebrarse los días 4, 5 y 6 de septiembre, se…
La empresa de productos asturianos busca trabajadores para su planta de La Espina Imagen promocional…