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Grau vuelve a ser la capital del Traxe’l País

Claudia Fernández Soto y Celestino Álvarez ganaron el primer premio de un concurso que volvió a reivindicar el patrimonio cultural de la indumentaria tradicional asturiana

Foto de familia de los premiados, con los ganadores del primer premio en el centro/ Beatriz Álvarez

Beatriz Álvarez/ Grau

Grau volvió ayer a convertirse en la capital del traxe’l país con la celebración de la décima edición del Día’l Traxe’l País, X Concursu y Muestra de Traxes Tradicionales Asturianos, una cita que cumple una década reivindicando la indumentaria tradicional asturiana como patrimonio vivo y como parte de la memoria cultural de Asturias y que ayer ante la amenaza de lluvia se trasladó al Frontón del Parque de Arriba de la villa.

Una cita que crece en cantidad y en calidad. La edición de este año destacó especialmente por su participación. 48 personas, 37 mujeres y 11 hombres, tomaron parte en el concurso, en una de las ediciones más concurridas del certamen. Por primera vez hubo que dejar fuera a algunos de los inscritos si bien con el ánimo de que sigan presentándose o, al menos, intentándolo. Berto Suárez, que presentó el acto junto a Raquel Vega, comentó a lo largo del certamen que no hay que dejar de presentarse, que lo importante es mostrar los trajes y participar y destacó también la presencia de los más jóvenes y pequeños que se van incorporando a la muestra. De hecho, entre los participantes, muchas caras conocidas de otras ediciones, ganadores o no, que repiten para mostrar las prendas que van incorporando a su vestuario tradicional. Una respuesta que confirma el creciente interés por una iniciativa que no se limita a exhibir trajes, sino que pone el foco en la investigación, la recuperación y la correcta conservación de las formas tradicionales de vestir y muestra los frutos del Taller de Indumentaria tradicional de Grau cuyos participantes tienen el compromiso tácito de mostrar sus trabajos en esta pasarela que año tras año sigue sorprendiendo.

El jurado del concurso, formado por Amadéu Benavente, Consuelu Ríu, Constantino Menéndez y Héctor Díez, otorgó los premios en las categorías de mujer y hombre de la siguiente manera: en la categoría de mujer, el primer premio fue para Claudia Fernández Soto que calzó madreñas ferradas con clavos procedentes de Tapia de Casariego con escarpinos altos, saya de estameña, mandil de lino y un par de refajos (se llevaban hasta siete), un justillo de seda amarillo y un manto azul con pañuelo blanco, seguida de Ana Robledo Magadán, segunda con indumentaria de la zona de Grandas de Salime, una saya negra de picote (que es un tejido bastante vasto de lana y lino) un manto antiguo cruzado en el pecho y un mantelo que es una pieza de cubrición para el frío o el agua que se podía levar por los hombros o por la cabeza que es una reproducción de una pieza antigua que está en el Museo de Grandas de Salime hecha en un telar manual y galochas y unos aros antiguos; por último, Beatriz García Doral, que fue tercera y vestía un traje del Oriente inspirado en una fotografía de finales de siglo, de seda azul con dengue de terciopelo completo negro, pañuelo atado en el moño color entre morado y lila y un mandil de terciopelo negro.

En la categoría de hombre, el primer premio correspondió a Celestino Álvarez, con chaqueta de paño negro con cinta de terciopelo, chaleco de brocado de seda, faja negra de algodón y calzones de paño aceitunados con “orelles”, medias azules y zapatos de corte antiguo, un poco cuadrados por delante, de piel y suela de cuero; mientras que Miguel de Medina obtuvo el segundo premio y vestía traje de paño negro de tres piezas y las solapas de la chaqueta con terciopelo, una capa con vueltas de terciopelo, las vueltas en verde y encarnado van por la parte de adentro y botas al tobillo y Álvaro Escanciano Brañas, el tercero, por su parte, traje de paño marrón con remonta en negro, la remonta es algo muy típico de los adornos que se incorporó en el siglo XIX con mucha fuerza en diferentes sitios, sobre todo en el Oriente, la chaqueta estaba inspirado en una fotografía antigua del siglo XIX del pueblo de Cué (Llanes) y la remonta del calzón en una pieza del Museo de Porrúa. Los premios cuentan con el patrocinio de Caja Rural de Asturias, mientras que el Ayuntamiento de Grau participa en la organización y en la celebración del Día’l Traxe’l País.

Uno de los momentos más singulares de esta décima edición fue la presentación de una pieza antigua original: un dengue de terciopelo de seda, localizado durante el vaciado de un piso. La prenda conserva un corte muy particular, adaptado al cuerpo de su antigua propietaria, descrita como una mujer «ancha de caja». Una pieza que permitió mostrar de primera mano cómo las prendas tradicionales se adaptaban a los cuerpos y a las circunstancias concretas de quienes las vestían. La pieza fue donada por su propietario para el futuro Museo del Traxe que acaba de ser licitado y ya es una realidad.

La jornada volvió así a poner de manifiesto que detrás de cada traje existe un importante trabajo de documentación y conocimiento: tejidos y materiales, cortes y patrones, técnicas de confección y formas de vestirsa, maneras de vestir que forman parte de una tradición que ha llegado hasta nuestros días. Durante la muestra se vistieron piezas antiguas muy bien conservadas, pero extremadamente delicadas, joyas heredadas de madres y abuelas, prendas inspiradas en pinturas o fotografías de la época. Todo ello dibuja un retrato fiel de las clases, de las labores, de las fiestas…una pintura que nos acerca a la identidad de un país y a la historia de sus gentes.

La celebración contó con la presencia de la consejera de Cultura, Política Llingüística y Deporte, vestida con el traxe del país, Vanessa Gutiérrez, que destacó el valor del Día’l Traxe’l País como espacio de encuentro en torno a la cultura popular asturiana y como muestra de la riqueza y diversidad de la indumentaria tradicional. Gutiérrez puso igualmente el acento en el trabajo de investigación, recuperación y conservación necesario para transmitir estos conocimientos de generación en generación.

La consejera vinculó además esta labor de conservación con el futuro Muséu del Traxe, concebido como un espacio destinado a conservar, estudiar, divulgar y poner en valor la indumentaria tradicional asturiana y todo el patrimonio cultural asociado a ella.

Diez años después de su puesta en marcha, el certamen de Grau se ha consolidado como uno de los escaparates de referencia de la indumentaria tradicional asturiana. Una jornada que combina concurso, muestra, investigación y divulgación y que, edición tras edición, contribuye a mantener vivo el traxe’l país, no como una pieza del pasado, sino como un patrimonio que sigue formando parte de la cultura asturiana actual. Materiales, patrones y cortes, así como rigor histórico son algunos de los pilares que convierten esta jornada en una cita obligada del otoño moscón que el próximo año tendrá un libro con las fotografías de los ganadores de todas.

Tras la entrega de los premios todos los presentes vestidos con el traxe tradicional, unas doscientas personas, bailaron juntos en el parque

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