
Asturias produce más del diez por ciento del acero español. Es también una de las regiones con mayor tasa de desempleo del norte de la península. Esos dos hechos conviven desde hace décadas, y siguen siendo el punto de partida de cualquier análisis económico sobre el Principado. Pero en los últimos años ha empezado a dibujarse otro mapa, menos visible y más difícil de medir: el de una economía digital que crece en paralelo a la chimenea y al alto horno.
No se trata de un Silicon Valley asturiano. Las cifras no dan para eso, y sería deshonesto presentarlo así. Lo que hay es algo más modesto y, en cierto sentido, más interesante: un conjunto de sectores que han encontrado en la conectividad y en el talento local una manera de crecer sin depender de la industria pesada. Tecnología, turismo digitalizado, ocio en línea, formación remota y servicios financieros digitales están cambiando, despacio pero con consistencia, la estructura productiva de una región que lleva treinta años buscando su reconversión.
El cambio no ha llegado de golpe. Ha ido sedimentándose a través de políticas de banda ancha, de la llegada de trabajadores remotos que salieron de Madrid o Barcelona buscando coste de vida más bajo, y de una generación joven que no quiere emigrar pero tampoco encuentra acomodo en los sectores tradicionales. Esa tensión, entre lo que fue y lo que podría ser, es el motor real de la transformación digital asturiana.
El ocio digital y el turismo de experiencias: dos palancas inesperadas
El turismo ha sido durante años el gran comodín de la reconversión asturiana. Pero el turismo que crece ahora no es solo el de los valles verdes y la fabada. Es un turismo que llega informado, que reserva en plataformas digitales, que busca experiencias concretas y que, antes de viajar, ya ha consumido contenido sobre el destino durante semanas. Las empresas que han sabido posicionarse en ese flujo de atención -agencias locales con fuerte presencia en buscadores, casas rurales con gestión automatizada, guías que venden sus servicios directamente a través de redes- están creciendo a tasas que no tienen nada que envidiar a sectores más glamurosos.
Paralelo a esto, el ocio digital ha ganado peso en el mix de consumo asturiano. El gasto en entretenimiento en línea creció de forma sostenida durante la pandemia y no ha retrocedido al nivel prepandémico. Streaming, videojuegos, apuestas deportivas, casino en línea: son sectores que generan ingresos en Asturias sin necesitar suelo industrial, sin contaminar y sin depender del precio del mineral. Plataformas de tragaperras online, por ejemplo, operan con licencia española y registran actividad relevante en comunidades como Asturias, donde el perfil de usuario es cada vez más diversificado en términos de edad y género. No se trata de un fenómeno marginal: el mercado español de juego regulado en línea supera los mil millones de euros anuales, y Asturias no está al margen de esa cifra.
La digitalización del ocio tiene consecuencias económicas reales. Genera empleo indirecto en marketing digital, atención al cliente, desarrollo de software y análisis de datos. Y genera, sobre todo, un tipo de consumo que antes salía de la región y ahora en parte se queda dentro de ella. Ese es un vector de crecimiento que no aparece en los grandes planes de reindustrialización, pero que tiene efectos sobre la renta disponible local.
Tecnología y talento: el modelo del trabajo remoto como política económica
La otra gran palanca es el teletrabajo. Asturias tiene una ventaja competitiva que pocas regiones españolas pueden ofrecer al mismo tiempo: calidad de vida alta, coste de vida moderado y acceso razonablemente bueno a la fibra óptica. Ese triángulo ha atraído en los últimos tres años a trabajadores cualificados que antes residían en grandes ciudades y que ahora pagan su alquiler, compran en el mercado local y pagan sus impuestos en el Principado.
El perfil es reconocible. Desarrollador de software entre 30 y 45 años, empresa con sede en Madrid o en el extranjero, sueldo por encima de la media asturiana. Muchos llegan solos y luego se quedan con familia. El impacto en el mercado inmobiliario de algunas zonas -Gijón, sobre todo, pero también concejos como Llanes o Ribadesella- ha sido visible: la demanda de viviendas con espacio para oficina ha subido y, con ella, los precios en determinados barrios.
La administración autonómica ha intentado capitalizar este fenómeno con programas de atracción de nómadas digitales, aunque con resultados desiguales. El problema no es la intención sino la ejecución: la burocracia sigue siendo lenta, los incentivos fiscales son tímidos comparados con los de otras comunidades y la oferta de espacios de coworking fuera de Oviedo y Gijón es todavía escasa. Hay margen de mejora, y es significativo.
El sector tecnológico local también ha crecido desde dentro. Hay empresas asturianas de desarrollo de software, ciberseguridad y soluciones para el sector salud que han escalado en los últimos cinco años y que exportan servicios a clientes nacionales e internacionales. No son grandes compañías. Pero son estables, generan empleo cualificado y forman parte de un tejido que antes no existía.
Lo que queda pendiente
Asturias digital no es una historia de éxito completa. Es una historia en curso, con avances reales y resistencias evidentes. La brecha entre zonas rurales y zonas urbanas sigue siendo un problema: hay concejos del interior donde la cobertura de banda ancha es todavía deficiente, lo que limita las posibilidades de los más jóvenes para trabajar en remoto o emprender desde casa.
La formación es otro cuello de botella. La Universidad de Oviedo forma buenos profesionales, pero la demanda de perfiles digitales crece más rápido que la oferta educativa reglada. Los ciclos de formación profesional vinculados a la tecnología están saturados. Y el mercado no puede esperar cuatro años a que un graduado universitario salga al mercado: necesita talento ahora, con habilidades específicas que muchas veces se adquieren fuera del sistema formal.
El diagnóstico, en resumen, es el de una región que ha entendido hacia dónde tiene que ir pero que todavía no ha resuelto cómo financiar y acelerar ese tránsito. La economía digital está creciendo en Asturias. No a la velocidad que sería deseable, pero está creciendo. Y eso, en una región que lleva décadas buscando su segunda vida económica, no es poco.
Deja un comentario