
La peña Castiello, a la que se accede desde Perlavia, ya no conserva restos de la fortaleza medieval, aunque sigue en pie su pasadizo subterráneo
Fernando Romero.
El castillo de Buanga, entre los límites de Grado y Oviedo (aunque los de Grado dicen que pertenece a su concejo) fue sin duda uno de los más importantes de Asturias, al controlar estratégicamente uno de los más antiguos y más transitados pasos hacia la Meseta por el Puerto de Ventana. Este trayecto era el que se utilizaba entre la Edad Media y la Edad Moderna, puesto que constituía el trazado más recto en dirección a Oviedo. Entre los Concejos de Grado, Oviedo y Santo Adriano se localiza la sierra de Buanga, una pequeña cadena montañosa que se extiende entre la Collada de las Fileras y el barranco del río Buanga. Situado en la peña Castiello, se ubicaba este importante bastión medieval, famoso por ser uno de los que mandaba el díscolo conde Gonzalo Peláez, que quiso en el siglo XII recuperar el Reino de Asturias y separarse de Castilla. Este conde, contemporáneo del Cid y al que sin duda conoció, fue miembro de la alta nobleza asturiana llegando a ser gobernador de Asturias e incluso alférez real con Alfonso VII “El emperador”. Además del castillo de Buanga, Peláez dominaba Astorga, El Bierzo, Laciana, Babia, Luna, el castillo de Gauzón y del río Eo hasta Cabruñana y era titular de la tenencia de los castillos de Astorga, Pajares y Alba de Quirós y de la torre de Proaza y de Tudela.
Sin embargo, este noble, a pesar de ser favorito del rey, se rebeló en numerosas ocasiones contra él. Alfonso VII tuvo que luchar duro para someter al conde asturiano, que desde sus castillos le hacía la guerra de forma intermitente. El monarca se vio obligado a acudir espada en mano y en persona hasta su castillo de Buanga donde, según las crónicas, se rebeló el conde Gundinsalvo comite in rebellione posito in castro buanga samna. El rey exige su rendición pero es alcanzado su caballo y a punto estuvo de morir bajo esta peña. Gonzalo no fue capturado y huyó más al sur, hacia su torre de Proaza. Tras dos años de lucha y una dura represión contra los que apoyaban al rebelde en 1135 Alfonso VII perdona a su vasallo a cambio de que no volviese a Asturias y de que entregase los castillos de Alba, Quirós, Proaza y Buanga. Pero se vuelve a rebelar hasta que, capturado y encadenado, es mandado al exilio en Portugal, en donde morirá en 1138. Sus caballeros traerán su cadáver hasta Oviedo, y será enterrado en San Salvador.

Hoy del castillo apenas queda nada, principalmente porque, según confirman los vecinos, esta peña sufrió numerosos desprendimientos en los últimos años, lo que se puede comprobar observando las inmensas rocas caídas unas sobre otras. El erudito local del siglo XIX Álvaro Fernández-Miranda recoge en sus escritos sobre el concejo de Grado que en este lugar “en 1797 se hallaron lanzas y hachas y unas chapas de cobre labrado, de muy antigua forma, con borrosas inscripciones”. Todavía hoy se conserva en buen estado un profundo pasadizo que comunicaba el interior del castillo con un bosque de castaños. Y aunque actualmente el acceso a la cima de la peña en la que se emplazaba la torre es casi imposible por la dificultad del terreno y la abundante maleza, la excursión por sus alrededores merece la pena. Es un entorno de gran belleza, en el que abundan bosques de castaño y roble, viejos molinos y cascadas espectaculares. En una de ellas, la más próxima al castillo, recreó el dibujante moscón Javier Marinas una de las escenas de amor del conde Gonzalo Peláez con doña Urraca en su comic histórico “Donmo” que relata la trayectoria vital de este noble asturiano.
En pueblos cercanos como Sama de Grado se recuerdan aún dichos populares que han llegado hasta nuestros días y que hablan de la importancia que tuvo esta fortaleza: Traigo la cabeza rota/de carretar oro y plata/del castillo de Teverga/ para el castillo de Buanga.
Este enclave medieval aparece inventariado en el estudio que entre 2003 y 2006 llevó a cabo la Universidad de Oviedo a cargo de los investigadores José Avelino Gutiérrez y Patricia Suárez y que describen como “castillo de altura de pequeñas dimensiones con alguna estructura simple: recinto, torre, foso, terraplén, explanada en roca…”.

Para llegar a él desde Oviedo hemos de tomar la A-63 y salir en Trubia. Atravesamos esta villa y, a la derecha, se sube hacia Sama de Grado por Las Cuestas, llegando a Perlavia en donde aparcaremos. El camino parte de la zona baja del pueblo y se dirige hacia Buanga en dirección Oeste. Tras algo más de una hora andando por un sendero cuidado y con impresionantes vistas del valle del Trubia se llega al bosque sobre el que se erige la peña del castillo y, cien metros más abajo, se encuentran las cascadas.
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