Uno de los elementos patrimoniales más queridos por los vecinos de los pueblos son sus lavaderos. al haber sido importantes lugares de reunión, especialmente para las mujeres. La vida en estos sitios, transcurría entre baldes de zinc, pastillas de jabón y bolas de azulete.
Muchos están tan deteriorados que requieren una rehabilitación casi integral. Candamo se ha puesto manos a la obra para recuperar uno de ellos, concretamente el del pueblo de Ferreiros en el que se sustituirá la techumbre actual de chapa por una cubierta tradicional con teja y armazón de madera, para recuperar su valor etnográfico y patrimonial.
Ayer comenzó a desarrollarse en el concejo, el programa Joven Ocúpate, creado por el Servicio de Empleo del Gobierno del Principado de Asturias, para que los jóvenes entre 16 y 29 años puedan obtener un certificado de profesionalidad, nivel 1.
Natalia González, alcaldesa candamina, se muestra especialmente ilusionada con este proyecto: “en el equipo de gobierno hemos apostado por contribuir, en la medida de lo posible, a mejorar la situación laboral de nuestro entorno y como en este caso, incluye formación, los chavales tienen la oportunidad de conseguir el certificado de profesionalidad en albañilería y quienes hubieran abandonado el sistema educativo, saldrán preparados para obtener el título de graduado en ESO.”
Los ocho alumnos, la gran mayoría del concejo, que comenzaron ayer; cuentan con un tutor y un mentor para lograr sus objetivos en un plazo de seis meses. “Las administraciones locales tenemos muy poca capacidad, muy poco margen de actuación, para contribuir a la mejorar la empleabilidad, y aunque nos ha costado mucho esfuerzo, hemos conseguido homologar un centro de formación que quedará para posteriores actuaciones en materia de empleo y formación”, añade la regidora.
Los lavaderos son elementos característicos del paisaje de las zonas rurales asturianas, construidos en su mayoría entre los años 30-40 del siglo XX y aunque ya no van a cumplir la función para la que fueron creados, en Candamo apuestan por preservar sus bienes culturales, que deben seguir integrados en el paisaje, para recordar que en otro tiempo, la vida social giraba en torno a la colada, el abrevadero y la fuente.
La alcaldesa espera que la formación y el resultado de la rehabilitación sea un éxito, ya que, “el ayuntamiento no ha escatimado medios para ello; además de la subvención del Principado, hemos tenido que comprar maquinaria y materiales, pero estamos seguros que nos aportará muchas satisfacciones”.
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