Redacción/Grado
Más allá de origen concreto del fuego, está el sistema que lo convierte en un desastre. Esta es la reflexión que hacen organizaciones agrarias como Asturias Ganadera y USAGA, que achacan la oleada de fuegos y la virulencia de los incendios a la mala gestión del monte y a la política forestal. El despoblamiento del campo, las restricciones para el aprovechamiento tradicional de los montes comunales, la proliferación de especies no autóctonas de rápido crecimiento, como el eucalipto, son algunas de las causas que según los ganaderos están detrás del los fuegos.
«Los incendios son consecuencia de tener el territorio sin ordenar ni gestionar. El monte no puede arder de esta forma aunque deliberadamente o de manera natural o fortuita se inicie un fuego. Lo arbolado tiene que tener controlado el matorral del sotobosque. Las especies exóticas, pinos y eucaliptos, favorecen especialmente la propagación de los incendios. El monte bajo tiene que disponer de franjas totalmente limpias que hagan de cortafuegos delimitando espacios relativamente pequeños. Lo que tenga tapín ha de ser campera. Es imprescindible que las pistas de acceso estén limpias y sean útiles para acudir con medios adecuados de extinción, además de que haya depósitos y tomas de agua en todas partes. O sea, tiene que haber gestión», defiende Asturias Ganadera, que reclama una política de medio rural «que permita a los vecinos vivir bien en sus pueblos. Lo que hay es propaganda y la realidad es que se imposibilita a la gente para aprovechar los recursos. La ausencia de política se sustituye por pseudopolíticas como crear «espacios protegidos», parques y similares que lo único que hacen es expropiar a los vecinos sus derechos e impedir la gestión y aprovechamiento de los recursos», afirman. Piden además un plan para que los vecinos puedan participar en la extinción. «Los fuegos, toda la vida, los apagamos los vecinos, a toque de campana, con medios a nuestro alcance, conocimiento del terreno y técnicas de creación de cortafuegos con fuegos controlados que impidieran el avance. Nunca se producían los desastres de ahora. Pero claro, entonces los montes eran verdaderamente vecinales», afirman. Y critican a los que apuntan a la modificación de la ley de Montes asturiana que suprime los acotamientos de pastos a las zonas quemadas. «Estos días están ardiendo igualmente y con mayor intensidad extensas áreas de Galicia y Portugal, que no comparten esta situación, y el noventa por ciento de la superficie que está quemando en Asturias no son montes de uso ganadero. Encuentren a los pirómanos y denúncienlos uno a uno, sea cual sea su profesión, pero no confundan a la opinión pública con mentiras», piden.
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