Publicado el: 20 Oct 2020

La melancólica vida de las vías entre Fuso de la Reina y Trubia

Antiguo apeadero de Caces / AdlFM

Ángel de la Fuente / Ribera de Abajo

Quién le iba a decir a estas vías que su vida no sería eterna? Ellas pensaban que a lo más serían renovadas como si se tratara de una serpiente que muda la camisa, pero no ha sido así. Estoy seguro de que si volviesen a este mundo el ingeniero Gorbeña y los obreros que trabajaron en este camino de hierro no darían crédito al ver el letargo al que ha sido condenado en situación de cadena perpetua que en el mejor de los casos podría ser revisable; no obstante tengo mis dudas. La tristeza que envuelve el trazado entre Fuso de la Reina y Trubia se atenúa por la frescura y la musicalidad que insufla las aguas del río Nalón cuando discurre tranquilo junto con la fragancia que desprende el bosque de ribera y mixto al despertar en la primavera, o cuando la sinfonía de colores con la llegada del otoño te traslada a un paraje de ensueño. Paralelo al ferrocarril discurre una carretera-vereda que une la Senda Verde con la del Oso por la que transitan vehículos, ciclistas y andariegos. Resulta difícil al caminante escuchar el silbido de un tren, pero cuando este irrumpe en esa paz que genera la soledad produce una especie de estruendo que invita a disfrutarlo aunque sea fugazmente. Es entonces cuando vienen a nuestra memoria los históricos trenes de vapor remolcando coches de viajeros de madera que transportaron a nuestros antepasados y a ilustres conciudadanos como Azorín cuyo destino era Caces para descansar en el balneario de Las Caldas. Aquellos trenes de raigambre decimonónica fueron reemplazados por los omnipresentes automotores MAN y sus remolques junto con las modernas composiciones bautizadas con el sugerente nombre Apolo. Iban abarrotados de viajeros con destino a Trubia -Fábrica de Armas-, Grado -mercado de los miércoles y domingos, salas de fiestas y discoteca El Maijeco y el Parque-, San Esteban y Muros -playas El Espigón y Aguilar-, Mieres -cacharrería La Chabola- y Oviedo hasta que el 5 de mayo de 2009 FEVE decidió suprimir este servicio. El tren de las 20,00 horas fue el último que admitió viajeros entre Soto de Ribera y Trubia. Daba penar ver al jefe de tren arrancar del tablón de anuncios de la marquesina del apeadero de Caces el cartel con los horarios. ¿Y qué decir de los trenes de carbón? Carretar esta fuente de energía a San Esteban de Pravia hasta 1970 implicó disponer de una flota de vagones arrastrados por locomotoras de vapor, que Eugenio Tamayo inmortalizó en un pequeño óleo sobre lienzo -40 cm x 32,5 cm, colección Masaveu- en el que se identifica la playa de vías de Puerto a los pies de la mole de la Peña Avís con dos trenes cargados de carbón. Le puso por título Fuso de la Reina. Sin embargo, estas vías se resistieron a perder la presencia de los mercantes y por ellas continuaron viajando tolvas, plataformas, cisternas desde el oriente cantábrico hasta el noroccidente sin olvidar hasta hace bien poco las tolvas cargadas de carbón a cuya cabeza iban dos locomotoras de la series 1600 o 1900 para llevar el alimento a los fogones de la térmica de Soto de Ribera. Partían de los muelles del puerto gijonés El Musel por el ramal de Sotiello para acceder por la línea Gijón – Laviana hasta El Berrón. Una vez aquí gracias a un bypass alcanzaban la línea Infiesto – Oviedo para proseguir a Trubia y desde allí llegar a su destino en Ribera de Arriba. Había transcurrido casi siglo y medio para hacer realidad aquel proyecto de Elorza que pretendía unir El Berrón con Trubia mediante un ferrocarril que pasaría por Las Caldas y Latores. Craso error no haberla hecho realidad. Me llama la atención que el impulsor del balneario de Las Caldas José González Alegre no hubiese apostado por este medio de comunicación en pro de su próspero negocio. Una vez más asistimos con escepticismo al ninguneo de las ideas y proyectos viables que suelen ser sustituidos por los generados en mentes mediocres y con pocas luces. La gran chapuza en materia de ingeniería ferroviaria en Trubia inaugurada en el mes de febrero del año 1999 con la aquiescencia del Principado de Asturias y del Ayuntamiento de Oviedo fue el certificado de defunción de esta vía de comunicación que no se puede desmantelar mientras haya que dar salida a los trenes que ascienden el Caudal y su padre el Aller entre Baíña y Collanzo cuando tienen que pasar por el taller en El Berrón. Algunos trenes turísticos, cada vez menos, trenes ligados a hechos históricos relevantes en Asturias -Un tren por la memoria 24 de octubre de 2009- o el viaje entre Gijón y Collanzo para despedir a los Apolo -26 de junio de 2011- y la efímera presencia de la locomotora nº 8 de vapor hace dos años intentan despertar de esta criogenización a los legendarios carriles que el óxido y la vegetación van atacando porque ni el mantenimiento, ni el tren herbicida están, ni se les espera. Pienso que cualquier día las barreras de los pasos a nivel de Puerto, Caces y Pintoria no responderán a los estímulos eléctricos para preservar la seguridad cuando pase un tren porque la parálisis casi permanente a la que han sido postergadas no les permitirá cumplir con su función. No han corrido la misma suerte que su pariente en Trubia porque va a recibir una buena inyección económica para modernizarlo y hacerlo más seguro. Un hermoso recorrido como este permite contemplar obras de ingeniería -muro de contención sobre un meandro del Nalón, túneles, paso elevado en Piedrallasa sobre el que tren mira al Nalón con displicencia-, el curso bajo de esta corriente fluvial, la llanura de inundación entre Fansorda y Pintoria, los vestigios del puente bajomedieval en Godos y soportar la fetidez originada por la contaminante industria Química del Nalón, sin olvidar aunque no lo veamos el nido de ametralladoras que desde Siones vigilaba el paso de convoyes con material militar en aquellos convulsos años del pasado siglo XX (1934-1939). La recta férrea que discurre paralela a la finca que tanto tiempo estuvo cultivada de kiwis era controlada desde aquel lugar. Sería una buena idea recopilar documentación fotográfica como legado de una época que será imposible recuperar y que solamente custodiaremos en nuestra remembranza mientras estas vías despiertan cada vez que una composición de dos coches de viajeros de tracción diesel se ven en la obligación de visitar el concejo de Siero para prestar un servicio seguro y de la calidad en lo que queda de la maltrecha línea Cf8. Espero que algún día el ferrocarril vuelva a recuperar la atención por parte de los diferentes gobiernos ya sea a nivel estatal, autonómico o local. Nuestro país no puede ni debe vivir de espaldas a este medio de transporte.

 

Locomotora 8 del VA de regreso en su viaje de pruebas en 2018 entre Caces y Trubia. Foto de Cristian Castro

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