Publicado el: 26 Nov 2020

No opino de la ley Celaá

Emilia BARRIO

Pedagoga y técnica de Juventud

Lo malo de hacer y modificar las leyes de Educación más o menos cada cinco años es que las críticas y los discursos se repiten cíclicamente con demasiada frecuencia y sinceramente aburren.

Lo preocupante es que se sacan de contexto dos o tres puntos que aseguran interesada polémica y medios de comunicación y partidos políticos se regocijan en ellos, los defienden con la misma benevolencia y los mismos argumentos obsoletos, como si no pasara el tiempo y no cambiara el mundo, ni siquiera con esta pandemia que parecía hacer temblar las bases de la sociedad y por tanto de la Educación. ¿Un consenso sobre una ley Educativa? En la historia de la democracia no se conoce, lo rozó Gabilondo, pero según están de enconados los ánimos sería imposible conseguirlo en esta octava tentativa. Lo de la educación pública, gratuita, laica, eso pertenece también a la historia, pero de la República.

Volvemos con el debate de la lengua, cuántos ríos de tinta, cuantas guerras dialécticas: ¿oficial? ¿vehicular? Algunos reivindican “el español” como lengua suprema y la defienden, dicen que por miedo a que se extinga, no debe de ser para preocuparse cuando lo hablan 580 millones, el 7,6% de la población mundial. La realidad es tozuda y en la escuela de Galicia se fala en galego y se estudia castellano y en el Colegio Inglés aunque este en Llanera se habla en inglés y en el patio asturiano y seguirá siendo así, diga la ley educativa lo que diga, pongan o quiten el apellido “vehicular”.

Bueno y el otro tema estrella: “La libertad de elección educativa”, que aunque parece una opción de los padres de elegir escuela, en realidad va directamente ligada a otra libertad. Me explico: el Estado pone dinero público en los centros educativos privados (empresas) con los que tiene un concierto (de ahí lo de escuela concertada) sin controlar cómo se gasta ese dinero: el acceso del alumnado, si hay segregación, si se imparten los currículos oficiales, qué convenio laboral tiene el profesorado, si es obligatorio pagar lo voluntario…Esa es la “libertad” por la que claman, aunque algunos no lo sepan, y mientras pagan religiosamente cuotas por las plazas de sus hijos a un tiempo que están pagadas por los impuestos de todos.

Siendo simplistas en los argumentos y no metiéndonos en análisis neoliberales del control de la enseñanza, os recuerdo que la escuela concertada surgió en su día porque la pública no tenía plazas para tanto niños y niñas y la solución (temporal) era pagar a los colegios privados de las ciudades (en zona rural no abundan) para que cogieran los excedentes y suplir así la carencia de plazas. Un símil, con otro servicio público básico: cuando hay mucha lista de espera para hacer escáneres en el hospital público te derivan a una clínica privada con la que tienen un concierto y pagan ese servicio, eso no quiere decir que exista obligación desde lo público de subvencionar clínicas privadas, ni que tengamos los pacientes “libertad de elección” según nuestra “demanda social” más allá que la que nos permite nuestra economía de pagar un privado.

La obligación de un Estado social y democrático de derecho es garantizar a los ciudadanos el acceso a una enseñanza pública y de calidad y cuando es así los conciertos pierden su razón de existir. Por supuesto los padres tienen derecho a elegir el colegio de sus hijos y el deber de pagarlo de su bolsillo, si optan por uno privado.

El tema de la religión católica en la escuela pública de un estado aconfesional, por reiterativo e incongruente merece un monográfico y seguro que también de la convocatoria de otra futura manifestación “vehicular”.

Sólo voy a criticar (así de forma visceral, sin mucho fundamento) el nombre oficial de la nueva ley, no me gusta. LOMLOE, Ley Orgánica Modificación de la Ley Orgánica de Educación, primero creo que a estas alturas nos merecemos una ley, no más modificaciones sobre las modificaciones. Aunque siendo mal pensada, igual la Ministra Celaá eligió este difícil nombre para no ser menos que Villar Palasí o Wert y tener una ley con nombre propio.

De momento me quedo ahí con La ley Celaá, el espíritu crítico que me dio mi educación no me permite opinar sin conocimiento de causa de un documento de 81 páginas que confieso no leí, tampoco mis valores éticos me dejan escudarme en esa mayoría de los vehementes opinantes que tampoco la leyeron.

Ahora me entra una duda personal ¿dónde adquirí esa educación en valores: en la escuela pública rural de Quirós o quizá fue la escuela privada a la que tuve que ir interna para hacer el bachiller? Mis padres, en su libertad de elección postfranquista no tenían otra opción acorde a sus bolsillos, ya que no había un instituto público cercano. Fui a un colegio religioso, segregado en cuanto a sexo y clase social, yo era de la élite, de la categoría: privado para niñas pobres (de pago nos decían), luego estaban las que sus plazas las pagaba la Benemérita porque eran huérfanas de Guardias Civiles y el tercer escalón eran las que corría con los gastos el Montepío de la minería. El uniforme aunque con diseño y colores comunes nos diferenciaba, cuando me iba de fin de semana prestaba mi falda y la trenka de Al Pelayo a una de Mieres, por eso me sigue dando “repelús” la infancia uniformada. También recuerdo que mis padres ya pagaban cuota voluntaria por el vaso de leche que me tomaba después de cenar, en la cocina a escondidas para evitar agravios comparativos.Y aquellas clases de Ciencias Naturales donde siempre acabamos dando gracias al Creador. No olvidé a aquella niña (la de integración le decíamos) que pasaba el recreo mirando fijamente la pared y luego ya la monja la enfocaba para su clase. También recuerdo a las compañeras externas de Cudillero que siempre las reñían porque se empeñaban en hablar en “pixueto”, el mi “quirosan” tampoco les gustaba mucho.

Evoco demasiadas cosas de aquella educación de colegio de monjas, no sé si porque calaron mucho en mí o porque se empeñan en hacerme revivirlas legislativamente cada cinco años.

Cuidaros y si tenéis un rato leer la Ley Celaá, yo voy hacerlo porque estoy segura que aporta algo nuevo, de lo contrario no es para preocuparse, en nada tenemos otra nueva.

Comentarios:
  1. Kasio dice:

    La ley Celaà va a restar cultura a los niños españoles. Les quita un idioma legendario de siglos de literatura y arte. Ya han amputado la historia de España rica y larga y sustituido por invenciones de héroes regionales y 4 anécdotas y ahora quieren quita otro tesoro cultural. Vamos creando ignorancia. Perder valores, hacer que la juventud escupa a los abuelos, pise a los necesitados y encima ahora no sepan ni hablar un idioma universal. Venta ya, no sea absurda es tirar piedras contra nuestros hijos.

  2. EducaLibrePública dice:

    Kasio acaso defender las lenguas minoritarias no es cultura? La verdadera ignorancia es no tener criterio propio y, en caso de que leyese la Ley, cosa que dudo, no entender lo que pone. Dígame donde dice que se «ataca» al castellano (le recomiendo, en cualquier caso, leer el artículo 3 de la Constitución). Por cierto, eso de “vehicular” no apareció hasta 2013 con la Ley Wert, ¿hasta ese momento que pasaba?
    Otro de los sermones que repetís el referido a las escuelas infantiles; ¿dónde se habla de su cierre? Acaso ve mal que el Estado invierta en adecuar a la educación pública para poder atender al alumnado con necesidades especiales? No se cierra, se invierte en la pública y cada cual que elija donde llevar a sus hijos.
    Y de la concertada, en fin, más de lo mismo. Un sector de la concertada apoyada esta ley, precisamente los que ven la educación como un derecho y un bien esencial; que casualidad que quienes dicen que es un ataque son grandes empresas que solamente ven la educación como un negocio. Dicho lo cual, me parece estupendo que si un escuela recibe dinero público, se le prohíba segregar por sexo; quien quiera ese tipo de adoctrinamiento, pues que se pague una escuela privada.
    De la religión ni hablo….en pleno siglo XXI que pitna la religión en la enseñanza pública? Quien la desee que lleve a sus hijas e hijos a su iglesia, mezquita, sinagoga o árbol que mejor sombra le de, incluso tiene colegios privados religiosos. Pero en la pública??? Y luego hablan de adoctrinamiento.
    En fin, el problema es el de siempre, atacar con mentiras y sin argumentos. Lo triste, es que van 8 leyes en 40 años y aquí nadie se pone de acuerdo, pero eso a los voceros que repiten los mismos karmas les viene muy bien.

  3. paquita dice:

    Muy bueno, Emilia. Saludos desde NY:

  4. Paquita Suárez Coalla dice:

    Suscribo lo dicho.

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