Publicado el: 15 Feb 2021

Entre pillos anda el juego

Por Juan Carlos AVILÉS

[NOS TOCÓ LA CHINA]

Estamos que lo tiramos. La Cifu, con su morro y desparpajo habituales, insiste en que ella no hizo trampa, sino que los mandamases de la Juan Carlos I le pusieron a huevo lo del máster para facilitarle el trabajo. El emérito campechano (por alusiones) se gasta la pasta de todos en juergas y oscuras inversiones de perezoso seguimiento, y nada. Ediles y militares de rango se cuelan en la cola de las trapicheadas vacunas y Salvador Illa (lo de salvador podría ser un eufemismo) se deja crecer cada vez más el flequillo a lo Puigdemont por si a algún independentista despistado se le escapa un voto en las catalanas, que lo subliminal siempre funcionó desde la Coca Cola. ¿Pero a qué viene tanta extrañeza? Somos herederos de la picaresca, señores. Lo llevamos en el ADN y sintetizado en el cordón umbilical. ¿Quién no ha utilizado alguna vez una argucia o una patraña para conseguir sus fines? ¿Y cuántos los han alcanzado yendo con la verdad y la transparencia por delante? Si tienes limpia tu hoja de servicios o tu curriculum vitae eres un listillo y te arriesgas a la fatídica y excluyente pregunta: “¿Y este fulano, de qué va?”. En ese preciso instante, tú la cagaste y ellos te quitaron de en medio. Entre pillos anda el juego. Y para muestra un botón, una memorable escena sacada de una de las obras maestras de nuestra literatura picaresca, El lazarillo de Tormes. Andaban Lázaro y el ciego delante de un suculento racimo de uvas, y el viejo advirtió al criado: “Hemos de comer una cada uno, por turnos, y así los dos comeremos igual”. Pero al poco el anciano propinó al muchacho un soberano pescozón. “¿Y por qué me pega vuesa merced?”, inquirió el chaval rascándose el cogote. “¡Por comerlas de tres en tres!”, respondió iracundo el amo. “¿Y cómo se ha dado cuenta, si es usted ciego?”, dijo el desarrapado escudero. “Muy sencillo. Porque yo las comía de dos en dos y tú callabas”.

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