Publicado el: 12 Jun 2021

Por fin se hace justicia

Por Alfredo G. HUERTA

El hallazgo de los primeros restos en la fosa de La Chabola por voluntarios de la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica el mes de julio del año pasado fue una extraordinaria noticia para las familias de las víctimas que, en cierta medida, significaba la conclusión de una vieja reivindicación de los republicanos moscones. Tras unos meses suspendida la excavación por orden judicial, en la reanudación de los trabajos para delimitar esta fosa estuvieron presentes el alcalde de Grao, José Luis Trabanco y la consejera de la presidencia, Rita Camblor. Ambos, adoptando una postura que los honra, pidieron perdón a las familias y a todos los demócratas por la demora en la dignificación de las víctimas. Ahora, tras la exhumación de los cuerpos previsiblemente este verano como manifestó la propia consejera, la finca será habilitada como Lugar de Memoria.

Alberto Betáez fue testigo de los espeluznantes acontecimientos ocurridos en La Chabola. Cuando tenía siete u ocho años, con otros amigos de edad similar, se trasladaron a un monte del pueblo de Cueto desde donde se puede ver esta fosa. Quedaron horrorizados. Contaba cómo los verdugos, borrachos de alcohol y sangre, entre blasfemias y exabruptos, se mofaban de sus víctimas antes de matarlas.

 

Fernando Alba junto al grupo de Memoria Histórica de Grao en la inauguración de la escultura

 

Estoy convencido que la posterior construcción de una granja de cerdos sobre la misma fosa y la organización durante varios años de un baile los fines de semana en la casa ubicada en la propia finca, además de una clara denigración de las víctimas, fue un intento de ignorarlas, como queriendo decir… ¡aquí no ocurrió nada! Esta execrable actitud suponía asesinarlas por segunda vez, porque no hay peor condena que la del olvido. Además de La Chabola existen en Grao otras trece fosas, cada una con su dramática historia. Desde abril de 2016, los mártires enterrados en ellas son recordados por el monumento “Memoria Herida”, una magnífica obra del escultor Fernando Alba, erigida en la moscona plaza de la Memoria Histórica.

La Garba, segunda en número de inmolados, fue destino de numerosos represaliados de Coalla, Bayo, Sama de Grado… Según me refería mi amigo Mon de La Asniella, en uno de estos pueblos, durante el interrogatorio a una señora tratando de averiguar el paradero de su marido huido, como forma de presión, el interrogador lanzó por la ventana a su bebe recién nacido que, prodigiosamente, salvó su vida al caer en una pila de estiércol que disminuía la altura del hueco por donde había sido arrojado. Años después, en un bar de Trubia, ante el asombro de los numerosos presentes, se encaró con aquel asesino espetándole: “Yo soy aquel indefenso niño que tú trataste de matar”.

Deseo transmitir un emotivo recuerdo de mis amigos pioneros en la exigencia de estas exhumaciones y que vivieron con la esperanza, al igual que otros muchos, de que algún día se hiciese justicia. Entre ellos, junto a ya mencionados, Luis Martínez, José Manuel Fernández, Mimo, Paco Arniella, Gorki… La acertada compra de la finca La Chabola por el Ayuntamiento de Grao y la reserva de un espacio en el cementerio para dar sepultura a los cuerpos que se vayan exhumando en las fosas de la comarca son fundamentales para rescatar del olvido a estos mártires de la represión franquista.

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