Publicado el: 15 Sep 2021

Y yo, Asturias

Juan Carlos AVILÉS

[Nos tocó la china]

Les vamos a echar de menos. Tan despreocupados, tan felices, tan derrochadores. Con sus atuendos deportivos y estilosos, tal que un anuncio viviente del Decathlon, y esa manera voluptuosa de devorar escalopines, fabes y cachopos como si no hubiera un mañana. “Niño, acábate ese arroz con leche que no vas a probar otro igual”, se oía decir a la madre. “¿Nos pone otra de sidra con cinco vasos y un taponín, porfa?”, espetaba el paterfamilias con la mascarilla colgada de la oreja, mientras el resto de la tribu hacía ‘selfies’ y deshojaba el calendario en busca del día ideal para llegarse a Covadonga o a comer pescado a Cudillero, con pleno desconocimiento de que ambas cosas en agosto son imposibles. Pero qué más da. Para una cochina semana de vacaciones que nos han dejado los ‘ertes’, los ‘eres’ y la madre que los parió hay que desparramar lo que haga falta, y además estamos todos vacunaos. Y después de tanta ola de bicho pendenciero, nos teníamos bien merecidas unas olas de verdad, con su espumita y todo. “Oiga, ¿y a qué hora pasan los osos?, inquiría el abuelo con la gorra Quechua calada hasta las cejas y un chupito de orujo entre los dedos, que un día es un día. Los había con acento andaluz, catalán, murciano, extremeño y hasta madrileño (que no tenemos deje, pero se nos distingue porque decimos ‘ejque’ en vez de ‘es que’, como Bono). ¡Qué globalizada diversidad! ¡Qué jacarandosa algarabía! ¡Qué bendición estival!

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