Publicado el: 28 Dic 2021

Etimologías

[Nos tocó la china]
Por Juan Carlos AVILÉS

Me aburro. Y no porque no tenga cosas que hacer, que de eso ando sobrado, sino porque una de las consecuencias del aburrimiento es las malditas ganas que tienes de hacerlas. A veces pasa, y no hay por qué preocuparse, porque en esas situaciones de vacío, de falta de motivación, de desgana manifiesta, es cuando suelen saltar las chispas que te vuelven a cargar las pilas y a ponerte otra vez como una moto. Así que calma, mucha calma, y grandes dosis de serenidad. 

Cuando uno se ve sumergido es esos inapetentes estados de ostracismo, lo mejor es improvisar cualquier chorrada: abrir una lata de mejillones en escabeche, cortarte las uñas de los pies, hacer un sudoku, poner una lavadora, cazar moscas o encender Telecinco (eso, claro, en ultimísimo extremo). El asunto es pasar el trago y, a ser posible, sin meterte en ningún charco del que luego no puedas salir. A mí, por ejemplo, me da por buscar etimologías de palabras, que ya tiene delito estar todo el día dándole a la lengua sin tener ni puñetera idea de lo que decimos. Y ya que a las palabras se las lleva el viento, o sea, que no sabemos dónde van a parar, al menos deberíamos enterarnos de dónde vienen. Así que, por hacer algo, me he puesto a buscar el origen del término ‘aburrir’. Y no en un diccionario de los de antes, porque tendría que levantarme y no me apetece un carajo, sino en la Wikipedia, que es mucho más socorrida y está siempre a mano. Pues resulta que viene del latín ‘abhorrere’, o lo que es lo mismo, separarte de lo que te causa horror. Pues mira tú.

De modo, que para evitar el aburrimiento lo mejor es estar horrorizado y pasarte el día con los pelos como escarpias, que eso, al parecer, entretiene que da gusto. O sea, entregarte con fruición a seguir las predicciones meteorológicas, los resultados de los partidos, las estadísticas de la Covid, las víctimas de las pateras, las sandeces de los políticos, los presupuestos del Estado, el turismo volcánico, los casos de violencia machista, los vaivenes del kilovatio/hora, el black friday o las navidades blancas. Es decir, todo lo que me horroriza. Pues va a ser que no. Prefiero seguir bostezando hasta que se me desencaje la mandíbula y más aburrido que una ostra.

Ah, y lo de las etimologías igual lo dejo pa prau.

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