La política institucional tiene una extraña forma de operar. Primero describe en abstracto grandes planes, grandes conceptos y luego, si tiene dinero o voluntad, los lleva a cabo. Debería ser al revés: hacer cosas concretas, relacionarlas y luego decir: «hemos llevado a cabo este programa». Pasa con esa moda de mirar ahora desde el poder hacia los pueblos y lo rural. Lanzan grandes promesas de fijar población pero luego, resulta que la empresa Alsa, que manda más que el Gobierno asturiano, se burla de los vecinos, les toma el pelo y les quita líneas (poco rentables) escudándose en la pandemia que ya ha quedado atrás. El programa de movilidad debe ser más que una abstracción, debe hacer realidad que los vecinos de nuestros pueblos puedan conectarse con otros pueblos y villas y no solo con las grandes ciudades. Y el criterio nunca puede ser el lucro, sino el servicio público.
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