El valor del asociacionismo

Esther MARTÍNEZ

Desde bien joven practico el asociacionismo como filosofía de vida. Mi primera experiencia fue en el Grupo Scout de Escamplero. Allí tuve la primera idea de lo que era una sociedad en miniatura. Jefes, pioneros, lobatos o rangers. En aquel grupo cada uno asumía alguna responsabilidad. La primera que adquirí fue la de bibliotecaria del grupo. Casualmente, o porque alguien vio que quizá sabía hacer ese papel, fue mi profesión hasta hoy. De ahí que siempre haya creído en el asociacionismo como valor fundamental de crecimiento. 

Desde entonces en mi tiempo libre practiqué el difícil arte de navegar por distintas asociaciones, más activamente en la de mujeres “El Orbayu”. Soy consciente del enorme papel que tiene el asociacionismo en el mundo rural para una mayor visibilización de la brecha entre hombre y mujeres, especialmente en los pueblos donde las desigualdades están mas acentuadas que en el ámbito urbano.

Entiendo asociacionismo como poner tu tiempo a disposición del grupo, y dejar a un lado tus intereses para trabajar por el colectivo. En todo grupo hay realidades diversas y en los colectivos de mujeres rurales, muchos perfiles y realidades variados. 

Entiendo el asociacionismo como diálogo intergeneracional, diversidad y motor transformador que nos haga avanzar cada día como sociedad plural y en crecimiento, gracias a cada persona que aporta desinteresadamente su trabajo y su tiempo. Ese avance debe ir encaminado como sociedad civil, a complementar el papel de las políticas locales, remando en el mismo sentido desde distintas orillas. Porque al final, el asociacionismo no va de honores, sino de construir un sendero cooperando por un fin. Siempre es más divertido ser trescientos y no tres. 

Pero ocurre que igual que hay que saber entrar hay que saber salir y alejarse. Hay que saber cuándo se está cansado y cuándo el aporte al grupo va en detrimento del bien personal. Hay que saber cuándo se puede responder a lo que se espera. Dimitir o delegar responsabilidades no es una batalla perdida, no es continuar con memos honores, pero es en muchos casos ser responsable y respetuoso con los representados. 

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