
Bienvenidos un mes más a la humilde tienda de este beduino de la palabra que siempre busca deleitaros con sus historias. Me alegra ver que os encontráis bien. Preparaos, pues hoy os espera un viaje. Este calor, este maldito y recalcitrante calor, me ha llevado a pensar en los viajeros que en su día recorrieron las más ignotas regiones del mundo. ¿Os parece si los acompañamos?
Hablemos de los y las audaces (también hubo mujeres, como es lógico). En una profesión como casi todas en aquel mundo, presupuesta a los varones, fueron ellas las que más inventiva demostraron. Haciéndose pasar por esposas de emires tan convincentemente que no parecían sino eso. Fueron todos ellos gente extraña a ojos de los de su época. Con almas que vibraban más por lo salvaje y desconocido que por lo civilizado y confortable. Reservados y extremadamente inteligentes. Bien podían serlo, el pellejo les iba en ello. Desde Domingo Badía, a Richard Francis Burton pasando por infinidad de ellos que no citaré por no convertir esto en una crónica. Fueron aventureros, espías, inadaptados que huían de sociedades que no comprendían. Pero en realidad se buscaban a sí mismos en la quietud del Sahara o en el oasis de Siwa. Igual que yo busco escapar del calor con estas palabras.
Espero que os haya gustado y ahora mismo estéis bajo una palmera, junto a un pozo. Bien atendidos y frescos, mientras pensáis la siguiente etapa de vuestro viaje. Yo, por mi parte, me despido. Quedo a vuestro servicio hasta la próxima.
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