Beatriz Álvarez/ Grau
La Capilla de los Dolores de Grau acogió la presentación de ‘Los traxes d’ayandesa’, una investigación sobre la vestimenta tradicional allandesa de Alberto Suárez y Mario Baragaño, con muchas horas de dedicación a la documentación y estudio.
La ropa cuenta historias, los tejidos y los colores, los adornos y las joyas, las prendas que han llegado hasta nuestros días permiten reconstruir formas de vida, relaciones familiares, diferencias sociales, gustos estéticos y hasta las conexiones comerciales de un territorio con otros. Esa es una de las principales aportaciones de Los traxes d’ayandesa, un texto de delicada apariencia editado como la joya que es.
La obra de investigación presentada en la Capilla de los Dolores de Grau contó con los autores, Alberto Suárez y Mario Baragaño, y con el concejal de Cultura, Diego García, que reivindicó la indumentaria como una herramienta para comprender una historia común. Porque en la ropa se ven las diferencias —los colores, las calidades, los tejidos, las formas de vestir—, pero también los elementos que unen a una comunidad: los conocimientos transmitidos y las costumbres, los intercambios y las familias, las formas de entender la vida. El patrimonio que constituye la indumentaria permite completar un mosaico que circula, ilumina y ayuda a comprender la historia en común. Cada prenda es una pequeña tesela de ese mosaico y los documentos manejados permiten situarla. La investigación permite relacionarla con otras. Y el trabajo colectivo hace posible que ese conocimiento permanezca y pueda transmitirse.
En ese sentido, la indumentaria demuestra que lo que se hace en comunidad es lo que permanece algo infinitamente importante en un tiempo en el que “se valora más lo que nos diferencia que lo que nos une” aportó García en su presentación del acto. Los traxes d’ayandesa contribuye a completar ese mosaico y abre, al mismo tiempo, nuevos caminos para seguir investigando, conservando y compartiendo una parte fundamental de la memoria de Allande.
El ingente trabajo, realizado por Alberto Suárez y Mario Baragaño, se adentra en la indumentaria tradicional de Allande a partir de una investigación que permite poner nombre, forma y contexto a un patrimonio excepcional. El estudio reúne más de 5.000 referencias relacionadas con prendas, tejidos, adornos y joyería y documenta más de medio centenar de tejidos, muchos de ellos procedentes de fuera de las fronteras del concejo allandés.
La presentación que reunió a un nutrido número de personas interesadas en la indumentaria tradicional y en el traxe del país cuyo Día se celebra en la villa moscona el próximo día 27 de setiembre, sirvió también para reivindicar la necesidad de continuar investigando un patrimonio que todavía tiene mucho que contar. El objeto del estudio no es una mera colección de piezas antiguas, sino que se convierte en una fuente documental viva capaz de acercarnos a la sociedad que las utilizó.
Uno de los aspectos más singulares de la investigación es la riqueza de las fuentes utilizadas. Ante la ausencia de fotografías que permitan mostrar cómo se vestían las personas en cada momento, son los documentos escritos los que permiten reconstruir esa realidad.
Entre las fuentes manejadas se encuentran documentos originales manuscritos del Archivo Histórico de Asturias y también fondos digitalizados y, de manera especialmente relevante, documentación relacionada con los matrimonios. Los acuerdos matrimoniales de los siglos XVIII y XIX ofrecen una información extraordinariamente detallada sobre la ropa que formaba parte de estos acontecimientos y permiten acercarse incluso a cuestiones como la calidad de la novia, el estilo del país y la posición económica de las familias. La investigación demuestra así que detrás de cada prenda existe una historia y que el estudio conjunto de muchas de ellas permite observar patrones que se repiten y que ayudan a definir la manera de vestir de las mujeres allandesas.
La cantidad de prendas estudiadas constituye uno de los elementos más llamativos del patrimonio de Allande. El fondo reúne más de 500 justillos y alrededor de 150 referencias vinculadas a contextos matrimoniales, una dimensión que permite hablar de una riqueza excepcional tanto en cantidad como en variedad.
Una de las explicaciones se encuentra en la propia organización familiar y patrimonial de aquella sociedad tradicional. Cuando el varón heredaba la casa, las hijas que se casaban pasaban a vivir en casas que ya estaban montadas. Su ajuar no tenía necesariamente que ser constituido por muebles o aperos, sino que una parte importante de los recursos que aportaban al matrimonio podía destinarse a la ropa y al ajuar estrictamente personal. Esto ayuda a entender la extraordinaria acumulación de indumentaria femenina que se ha conservado en Allande, pero también la importancia que se concedía al vestido y al gusto estético. La ropa era una forma de presentarse ante los demás y estaba relacionada con el momento, la ocasión y las posibilidades de cada persona. La investigación permite distinguir diferentes categorías: desde el vestido principal, de novia o de gala, hasta las prendas utilizadas para ir a misa, los domingos o las fiestas, pasando por la ropa cotidiana y de trabajo.
El estudio permite adentrarse en una enorme variedad de materiales. Se han identificado más de 50 tejidos, entre ellos lino, estopa, sempiterna, estameña y distintos tipos de paño. Una parte importante de estos materiales no procedía del entorno inmediato. Los tejidos de importación muestran que la indumentaria allandesa estaba conectada con circuitos comerciales exteriores y que el traje tradicional no era una realidad aislada, sino el resultado de intercambios y relaciones que se extendían mucho más allá del propio territorio, cosa que puede extrañarnos dada la orografía del concejo, pero que pone de manifiesto el dinamismo de las sociedades rurales y su curiosidad por salir más allá de sus fronteras. Entre los materiales documentados aparece el paño de Castilla, asociado a prendas de calidad y utilizado en diferentes piezas de la indumentaria.
Los tejidos, además, se adaptaban a las condiciones del territorio. La climatología del concejo que va del extremo invierno al caluroso tiempo de estío, condicionaba la ropa utilizada en las distintas estaciones y las características de los materiales elegidos.
La investigación permite poner nombre a las diferentes piezas que componían el traje y recuperar su significado. Entre ellas aparecen guardapiés y sayas, los justillos confeccionados con diferentes telas, los dengues de bayeta, las mantillas, los pañuelos y la montera femenina, además del xugón y otras prendas de cintura para arriba.
Los colores y los acabados también aportan información. La documentación recoge dengues negros, pero también encarnados, escarlata, grana y media grana, colores que forman parte de la riqueza cromática de esta indumentaria. Algunas prendas incorporaban además elementos específicos de acabado, como el cadarzo, utilizado como remate en el extremo de determinadas telas, vocablo asturiano que pasó al castellano.
Durante la presentación, Gloria Roza, vestida de allandesa, permitió a los presentes apreciar algunos de estos elementos. El conjunto incluía el pañuelo, la montera femenina, que se diferencia de la masculina en su forma redondeada y mantilla, haciendo visible la composición del traje más allá de la descripción documental. La presencia del traje permitió establecer un vínculo directo entre la investigación y las prendas, mostrando cómo los documentos, las piezas conservadas y la memoria pueden complementarse para reconstruir una forma de vestir.
Uno de los aspectos que atraviesa el proyecto es la idea de que esta investigación constituye un acercamiento a una realidad compleja. Las conclusiones no son necesariamente definitivas, sino que pueden ampliarse y matizarse a medida que aparezcan nuevas fuentes y continúe el trabajo de investigación. Son caminos que todavía pueden avanzar y hacerlo de manera conjunta, incorporando nuevas piezas, documentos y testimonios. En ese proceso se sitúa también el proyecto del Museo del Traxe de Grau, concebido como un espacio para exponer, estudiar y compartir este patrimonio y como un lugar de encuentro en torno a la investigación y la conservación de la indumentaria. El proyecto es el resultado de la apuesta del Ayuntamiento de la última década, años de formación, talleres e investigación, en los que han participado diferentes personas e investigadores independientes. El objetivo es que todo ese conocimiento no quede limitado a quienes han trabajado directamente sobre las piezas, sino que pueda ser compartido y continúe generando nuevas investigaciones.
El galardón se concedió por unanimidad y se entregará en los próximos meses, en un…
La marcha partirá el sábado 26 de septiembre a las 10.00 horas de la plaza…
La asociación ha expresado su especial agradecimiento a Ángel Menéndez, vaqueiro y gerente del Museo…
Los contenedores, para recoger residuos electrónicos, textiles o pequeños electrodomésticos, llegaron a 61 municipios asturianos,…
La actividad tendrá lugar mañana, viernes, día 18 y el próximo viernes, 2 de octubre,…
El alto tribunal asturiano debe decidir si frena el plan de abatir 67 ejemplares, tras…