Aún recuerdo la primera vez que nos vimos, en 1981, en El Ferral, haciendo la mili. Fue quien me rapó (de aquella un servidor tenía pelo, me sopló 100 pelas). Luego con el reencuentro en Oviedo empezó una relación muy especial, muy difícil de describir, una sensación que no he tenido con nadie. Años de encuentros y ausencias, pero siempre estábamos ahí. Una persona muy especial, muy innovadora, muy cabezota…. así era Berto. La vida, en ocasiones, no le trató muy bien, pero nunca le faltó una sonrisa y un chascarrillo. Amigo del alma, se me ha ido una parte de mi vida. Hasta luego Berto, volveremos a encontrarnos y nos daremos un abrazo como siempre hemos hecho. Hasta pronto amigo mío.
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