Redacción/Grado
Una mañana de frío sol y Grado, una villa llena de gente muy sociable, con las calles vacías. Es la primera jornada de cierre perimetral y el miedo sustituye poco a poco a la indignación que acompañó a los primeros días del brote. Con la hostelería cerrada y la prohibición de entrar o salir del concejo sin causa justificada, la villa parece un pueblo fantasma. No hay controles en los accesos, aunque tampoco parecen necesarios ante el escaso tráfico. «Ha sido un mazazo tremendo, tremendo. Mal que bien íbamos recuperando y esto nos ha dejado desarmados». Así valora la presidenta de la asociación de comerciantes Agora Grado, Sagra Fernández Arias, el ambiente entre los comerciantes ante el brote. «El palo económico es enorme, pero somos conscientes de que ante todo es la salud, y queremos hacer todo lo posible para salir cuanto antes, por nosotros desde luego que no quede. Es un gran dolor lo ocurrido, porque hemos cumplido a rajatabla la mayor parte de nosotros, incluido la hostelería», destaca Fernández Arias. Los comerciantes están valorando hacer cierres parciales voluntarios para favorecer el autoconfinamiento de la población, «que la gente salga lo menos posible», y piden un cribado, para detectar asintomáticos, «nos sentiríamos más seguros». Otro sector afectado es el de los taxistas, que con el cierre también quedan «tocados». «El cierre del concejo a los taxistas nos afecta sobre todo económicamente, aunque nosotros estemos activos no hay movimiento de gente, pero consideramos que si es necesario para preservar la salud habrá que aguantarse», señalan. Cono otros vecinos, y el propio Ayuntamiento, piden el cierre de los colegios e institutos para cortar la transmisión, «de otra manera con miedo cada vez se lleva a más gente a hacer pruebas covid, si bien desinfecta los los coches entre cliente y cliente, es un riesgo que está ahí». Los taxistas, que tienen entre sus clientes a mucha gente mayor de los pueblos, notan el desgaste psicológico, «les está afectando mucho, el miedo continuado también. De hecho mucha gente de los pueblos hace los encargos de comestible a las tiendas y nos mandan a nosotros llevárselo a casa para no salir», comentan los taxistas.
Escaso tráfico en el acceso a la villa
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Claro, consternadísimos todos ahora. Cuando salen de casa los hijos, no dan explicaciones, los padres tampoco las piden, total que más da nin, todos bebimos alguna vez y tienen que pasarlo bien.
Pues a joderse y aguantarse.