Publicado el: 12 Ene 2022

“Trubia necesita incentivos para que la gente pare, no pase de largo”

El policía local José Ramón Franco se jubila tras 25 años en el pueblo: “Me siento muy orgulloso de haber trabajado aquí, les doy un diez”

José Ramon Franco, en el centro, con dos compañeros del club ciclista

L. S. N./Trubia

El policía local de Oviedo José Ramón Franco comenzó a trabajar en Trubia a mediados de los años noventa, una especie de ‘castigo’ por enfrentarse sindicalmente, como representante de UGT, al entonces todopoderoso jefe del área, Agustín de Luis. “El destino a Trubia me costó mucho dinero, tenía que trasladarme todos los días desde Langreo, pero intenté que no repercutiera en mi trabajo con los ciudadanos”. Ahora, recién jubilado, solo tiene buenas palabras para los vecinos, “les doy un diez”.

-En 25 años a pie de calle en Trubia, ¿qué es lo que más ha cambiado?

-Sin duda la apertura de la autovía. Antes salir de Trubia o venir era un reto, tráfico, camiones, curvas… Para Trubia y para los Valles, la autovía marca un antes y un después.

-¿Y lo peor de este cuarto de siglo?

-Para mí, la decadencia del ferrocarril. Cuando llegué Trubia tenía dos líneas, Renfe y Feve. Se cerró la de Renfe, con la promesa de potenciar Feve, y todo quedó en promesas, fue un tocomocho.

-Fue policía local en una ciudad, Oviedo, y en un pueblo. ¿Hay diferencia?

-La verdadera labor de servicio a los vecinos se da en los pueblos, aquí tienes que hacer de todo, desde resolver quejas vecinales, de la farola o el charco, a hacer informes para el juzgado o atestados. En la ciudad el trabajo está más repartido y sigue más protocolos. En los pueblos se está codo con codo con los vecinos.

-¿Qué carencias tiene el destacamento de Trubia?

-Hay mucho titular de prensa pero poco compromiso real por parte de los políticos, salvo alguna excepción. En Trubia las carencias de personal son tremendas, no se puede tener un destacamento a 20 kilómetros, con una zona además dispersa y complicada, como si fuera algo residual, que se arreglen como puedan. Hay poca apuesta por las zonas rurales, cuando deberíamos tener preferencia, precisamente por la complejidad del territorio que atendemos.

-¿Y qué necesidades ve que tiene el pueblo, ya no solo policiales?

-Trubia tiene mucho que ofrecer, no es sólo la fábrica, pero estoy harto de ver pasar coches y caravanas que aquí no paran. Habría que buscar incentivos para que la gente parase, para que entrasen y dieran vida al comercio y la hostelería, Se podrían hacer rutas, por ejemplo del Parlamento al Alto del Pedregal, o de Villarín a Las Cruces, sendas vinculadas a la senda verde que atraigan a deportistas, a familias, que luego se queden a comer en Trubia.

-En su labor policial, ¿qué es lo más singular que recuerda?

-Entiendo singular como atípico. Pues quizá que la gente te llame para cosas que te dejan perplejo, por ejemplo, me han llegado a pedir que recogiera unas pitas que se habían escapado….Hombre, los policías estamos para casi todo, pero hasta ese punto, cuando no es un asunto de seguridad…. Me ha tocado recoger regodones a mano limpia de la carretera, pero perseguir pitas, pues no. También algún vecino que pretende usar a la policía para vengarse de otro, con el que hasta hace cuatro días se llevaba bien, y de pronto viene a denunciar que tiene una caseta en mal estado. Y te dice, tu vete a mirar a ver, yo no sé nada. Eso nunca me gustó y he intentado siempre no dejarme utilizar.

-¿Qué es lo que más le ha emocionado?

-Igual parece tonto, pero los niños de la parada escolar. Primero, porque llegaron a ser muy pocos, y otra vez son muchos, eso presta. Y también por cómo te conocen y saludan, es algo que parece que no, pero que llega.

-¿Qué le queda de Trubia y qué le dice a los vecinos?

-Me quedan muchos amigos, el club ciclista en el que estoy y mucho orgullo de haber trabajado aquí. Salvo muy pocos, son gente de trato exquisito, y que siempre te echan una mano. Pido disculpas si alguna vez he cometido errores, y les digo que luchen por lo suyo, que nadie regala nada en esta vida, y Trubia lo merece.

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